¿ POR QUÉ LOS LLAMÓ TRINITARIOS ?

Pudiera ser...

Germán Llona

Poner el nombre a una persona o a una institución es una decisión pensada y compartida. Entre distintas opciones se toma la más apropiada. En el siglo XII también tuvieron que hacer esta elección del nombre los distintos fundadores para bautizar sus instituciones. Circunscribiéndonos a los de este tiempo, vemos que se inspiraron en distintos criterios. Antes que nada es preciso subrayar que la imposición del nombre era muy importante, pues era el primer signo de identificación como el vestido y el hábito ante las cristiandad y lo defendían con celo espiritual.


Si nos fijamos en el variado abanico de las instituciones nacidas en estos años, la imposición del nombre se hacía de acuerdo a distintos motivos. Uno muy común era llamarse de acuerdo al lugar donde se había erigido el primer monasterio, cabeza y madre de las demás. Así denominaron a los cluniacenses, cistercienses, cartujos, premostratenses, templarios, sanjuanistas, victorinos, etc., porque el lugar donde habían iniciado su primera experiencia religiosa y levantado el monasterio estaba enclavado en Cluny, Premontré, San Victor, etc.


Pero también a veces el nombre se tomaba de la actividad principal que la institución ‘religiosa’ iba a desplegar: hospitalarios, predicadores, etc, o de alguna cualidad que consideraban primordial y característica: los humillados, los pobres, los menores, etc.


También nuestro Padre San Juan de Mata, radicado en Cerfroid, Meaux, debía poner un nombre a su naciente institución. Allí cerca había cistercienses, premostratenses, victorinos, cartujos... que podían servir de referencia o ejemplo.


Seguro que el fundador, un día convocó a la comunidad y les planteó qué nombre debían llevar, y por tanto ser reconocidos en el variado mundo religioso. Entre distintas opciones un hermano que podría ser el mismo Fundador propuso lo siguiente. Nosotros, por nuestra actividad principal debemos desplazarnos al mundo y a la fe musulmana. Ellos, considerados comunmente como infieles, profesaban la creencia en Dios Alá, y rechazaban la Santa Trinidad. Nosotros por nuestra parte, profesamos que Dios es Trinidad. Por eso mismo debiéramos adoptar y llevar este nombre.


Se miraron los hermanos un tanto sorprendidos. Pero el planteamiento era correcto. El Corán, el libro que los musulmanes consideraban revelado es francamente antitrinitario. Nosotros debemos proclamar entre ellos nuestra fe trinitaria, hasta con el nombre que llevamos. Esta aseveración encuentra su apoyo en algunos testimonios contemporáneos. En ellos se afirma y defiende la fe trinitaria por parte de los cristianos ante la unicidad islámica.


“Ramón Berenguer IV, conde Provenza... entrega sus bienes... a los templarios... para echar fuera a la gente sarracena y engrandecer... la religión de la Santa Trinidad”. Esta palabra, religión, puede referirse indistintamente a la Iglesia como a las órdenes religiosas. Otro cronista del mismo tiempo escribe: “las Ordenes de Caballería... combaten a la gente sarracena y según un miembro (un religioso) ellos se ‘reconocen ‘trinitarios’”. Sorprendente afirmación que va a encajar como anillo al dedo en la orden instituida por Juan de Mata. En otro documento de la época Alfonso VIII afirma que “es preciso luchar contra los enemigos de la Santa Trinidad”. Seguro que en las crónicas del siglo XII habrá otros testimonios. Estos han sido conocidos casualmente.


Y ellos mismos, los sarracenos o infieles para referirse a los cristianos, entre otros nombres emplean el de ‘Trinitarios’. El P. Cipollone escribe: “ los musulmanes designaban a los cristianos con el nombre de ‘trinitarios’. Ellos eran ‘unitarios’, mientras que los otros eran ‘trinitarios’.


Claro, nos falta el dato preciso que avale estas apreciaciones. Ya sabemos que en la Regla Trinitaria como en los documentos pontificios, no se explican los porqués. Pero teniendo presente esta realidad de la fe musulmana, aquellos hermanos que por su quehacer redentor se desplazaban a tierra de sarracenos, tuvieron como acertado poner y llevar este nombre de la Santa Trinidad, hermano de la Santa Trinidad, orden de la Santa Trinidad. Esta explicación no excluye la otra, la más conocida: que nuestro Fundador dio este nombre a la Orden para que los hermanos tributaran un culto especial a la Santa Trinidad y tuvieran como ejemplo este misterio de unidad, igualdad y cohesión en la vida comunitaria.