MARTIRES TRINITARIOS
DEL 36

Estos testigos de Cristo fueron ajenos a las pasiones políticas que en aquel tiempo agitaban al pueblo español; vivían tranquilamente su consagración religiosa, observando la Regla de la Orden de la Santísima Trinidad, de la que formaban parte, sirviendo tanto a Dios como a la Iglesia. Estos, al encenderse la tempestad, odiados a causa de estar consagrados a Dios, perseveraron en su vocación y prepararon su espíritu para dar el supremo testimonio de la fe. Aunque fueron asesinados en diversos tiempos, todos ellos obtuvieron la misma corona del martirio mediante la efusión de la sangre.