SAN JUAN DE MATA

17 - XII - 1013

Probablemente en 1.152, nacía en Faucón (Provenza), al norte de Marsella, Juan de Mata. Desde su más tierna infancia no se sintió ajeno al problema social de su tiempo, tal vez más candente que en ninguna parte en el cercano puerto de Marsella. Y, ya estudiante en la universidad de París, su mente se llenaba de las ideas y desasosiegos que, sobre la lacra social de la cautividad, llegaban a sus oídos.

Durante la celebración de su primera misa en París, pedía a Dios que le señalara el camino a seguir en su sacerdocio. Fue entonces cuando tuvo la inspiración de entregarse por completo a buscar la libertad de los cautivos en manos de los musulmanes. Era el 28 de enero de 1.193. La visión de la figura del Redentor, con dos cautivos encadenados a cada lado, uno pálido y macilento y otro negro y deforme, era el signo de su futura misión. El Obispo de París (Mauricio de Sully) y el Abad de S. Victor (Guerín), presentes en la celebración, atestiguan esta visión y serán muchos las autores que afirmen el carácter excepcional de su inspiración.

 Posteriormente plasmará esta visión en un mosaico que lo colocará en la fachada del convento de Santo Tomás in Formis (Roma), donde aún se conserva.

A partir de ese momento, la mente y el corazón de Juan de Mata empezaron a diseñar su nuevo proyecto. Retirado en Cerfroid, en la diócesis de Meaux, a unos 80 kilometros de París, se encontró con un grupo de ermitaños, entre los que se encontraba Félix de Valois, que se unieron a él y con ellos comenzó a vivir la nueva experiencia. Fue hacia el 1.194.

Pasado el tiempo y viendo el desarrollo de su idea, sintió la necesidad de someter, para su reconocimiento, el nuevo proyecto al Sumo Pontífice, Inocencio III. Quería actuar bajo la protección y reconocimiento de la Iglesia. Sería el primer fundador que diera oficialmente este paso de reconocimiento eclesial. A tal fin, en 1.198 se dirigía a Roma y, recibido por el Pontífice, sería remitido de nuevo a París a recabar información y opinión de su Obispo. De nuevo en Roma a finales del año, llevando consigo las cartas solicitadas, el 17 de diciembre, a través de la Bula "Operante divinae dispositionis", el Papa Inocencio III reconocía la Orden y aprobaba la Regla de la nueva institución que, bajo la advocación de la Trinidad ('a los hermanos de la Santa Trinidad', se dirigirá en la Bula), hará presente en la Iglesia la misión redentora de Jesucristo.

Desde ese momento, su figura y su obra, en la Iglesia y en la sociedad del siglo XIII y posteriores, será la referencia de libertad para los cautivos en manos de los mahometanos y el faro luminoso que irradie nuevos aires de redención en las víctimas de la cautividad. Figuras como Cervantes y otros miles de cautivos sentirán en su vida la fuerza liberadora del nuevo proyecto de San Juan de Mata.