P. CARLOS MARÍA ZABALA
Merece ser recordado por el admirable testimonio que nos
dejó durante sus treinta años de enfermedad. Nació en Escoriaza (Guipúzcoa)
el 24 de octubre de 1932. Hizo su noviciado en Algorta, bajo la dirección del
P. Félix de la Virgen. Sus estudios eclesiásticos y su Profesión solemne los
hizo en Salamanca. Ordenado sacerdote, el 31 de marzo de 1956, fue destinado al
seminario menor de Algorta, hasta que en 1961 fue elegido Ministro de Laredo
(Santander), donde comenzó la construcción de la moderna iglesia que hoy
contemplamos. No la pudo terminar a causa de la enfermedad. Tenía entonces 32 años
de edad. Desde hacía dos años, se
venía quejando de molestias en el sistema medular. En 1964 le diagnostican una
enfermedad de tipo canceroso que necesita
una rápida intervención quirúrgica. En 1966 se le declaraba una invalidez
total, a partir de la sexta vértebra lumbar. Desde entonces hasta su muerte pasó
32 años en una silla de ruedas. No se vino abajo el P. Carlos. La primera lección
que nos dio fue que vivió su enfermedad , sin ningún victimismo. Siempre con
fe y optimismo, reorganizó su vida, dedicada
al estudio, a sus publicaciones y al apostolado de la predicación y del
confesonario. Un médico decía: “Es el enfermo que más me ha impactado a
durante toda mi vida profesional”. Vivió bajo el signo de la cruz. No era
solo el dolor físico sino sentir que era una
carga para los demás. Cuando solicitaba cuidados extraordinarios , solía
decir: “Lo siento de verdad”. Tenía que padecer también otros muchos
sufrimientos que nadie sabía: noches de insomnio, nerviosismo, el cansancio de
un cuerpo que a veces parecía que se resquebrajaba... “Que sea lo que Dios
quiera”, repetía. En su dormitorio, de frente a la cabecera, tenía colgado
un Crucifijo. Mirándolo exclamaba:
”Gracias a él que me ayuda a vivir”. A pesar de todo este sufrimiento, los
que le asistían lo veían siempre con la sonrisa en los labios, abierto a la
amistad, dispuesto a celebrar cualquier acontecimiento feliz, cualquier
fiesta... Tenía ilusión y ganas de vivir. Por eso aceptaba los trabajos, las
ocupaciones. Fue secretario de la comunidad de Algorta,
administrador de la parroquia y de la Fundación Arguía. Desarrolló una
gran actividad como escritor: decenas de libros, de folletos e infinidad de artículos.
Entre sus libros más conocidos están: Los
trinitarios en Algorta, la Historia
de Guecho, las biografías del Beato Domingo y del Venerable. P. Félix. En
1991 fue declarado en Guetxo, “Personaje del año” y le concedieron el
premio “Galeón”. Un capítulo aparte merece su amor a las Misiones de
Madagascar y a las obras sociales trinitarias de América Latina. Sobre
Madagascar escribió el libro Madagascar
despierta y todos los años, ayudado por la O.A.N., celebraba una tómbola
en favor de América y Madagascar. Fue asiduo colaborador y director del Boletín
de Favores
del P. Felix, por medio del cual ayudaba
a las obras sociales y a las Misiones. Cargado de proyectos e ilusiones vivió
hasta el año 1997. Al final de este año, su estado de salud se agravó. En la
madrugada del 13 de diciembre fue recogido por el Señor.