P. ANDRÉS SAGARNA OLÁBARRI

    Nació en Dima (Vizcaya) el 4 de febrero de 1913. A los diez años, ingresó en el seminario trinitario de Algorta. A los 15 comenzó el noviciado en el Santuario de la Bien Aparecida. La profesión solemne  la hizo en Algorta , el  15 de agosto de 1938. La filosofía la cursó en nuestro colegio de Córdoba y la teología en el de Belmonte. Era estudiante de teología en Belmonte cuando estalló la guerra civil española de 1936-1939.  Ante la persecución religiosa que hacía estragos entre los sacerdotes y religiosos, acogiéndose a su condición de súbdito vasco, pudo escapar hacia zonas más seguras. Durante medio año se vio obligado a vivir en la clandestinidad. Pasó después a ser soldado. Recorrió  varios frentes y hospitales y  terminó en un campo de concentración en La Coruña. Terminada la guerra, fue ordenado sacerdote en Zarauz (Guipúzcoa), el 11 de junio de 1939. Los primeros años de sacerdocio, hasta 1943, los pasó como Presidente en la casa de Belmonte.

     Durante este tiempo reorganizó el colegio, animó las asociaciones trinitarias. En 19141  cayó enfermo.  Durante más de un año luchó por conservar la vida en el Sanatorio  Iturralde de Madrid. Su curación fue atribuida a un milagro de nuestro Santo Reformador. Con solamente 33 años, fue elegido Provincial. Ejerció este cargo, en varias reelecciones, hasta 1963. Después fue ministro de las casas de Algorta y Bien Aparecida. En las dos dejó huella de su iniciativa y eficacia. Durante su mandato de Ministro Provincial tuvo que afrontar las consecuencias de la guerra civil española y la difícil situación de penuria que causó en España la segunda Guerra Mundial. Reorganizó los seminarios menores y cuidó la formación en nuestros estudiantados de Córdoba, Roma, San Carlos de Ñuble (Chile). Su amor al patrimonio de la Orden le movió a  hacer todo lo posible por recuperar el convento de Valdepeñas, cuna de la Descalcez (1949). Para promover los colegios mayores en las ciudades universitarias, compró un espacioso terreno en Salamanca, donde surgiría el magnífico complejo de edificios y actividades que ahora allí funcionan. Favoreció  las publicaciones trinitarias, sobre todo la revista del Santo Trisagio

    Su amor a las Misiones lo demostró en el apoyo que daba a nuestra Misión a través de las colectas y animando a los religiosos jóvenes a  prestar su colaboración a esta obra eclesial. Por medio del Boletín Los favores del P. Félix, cuya causa de beatificación promovió con fuerza, apoyó una obra social en Madagascar: operación arados y bueyes, construcción de escuelas y dispensarios, etc. Gozaba de una gran estima de cuantos le trataban: cercano, bondadoso, servicial, atento, comprensivo... Este talente fue motivo de que fuera galardonado con el premio de “Salvé de oro” en Laredo (Santander). Era un premio a los valores humanos. Como religioso fue ejemplar en todo: en la oración, en el trabajo, en la caridad fraterna. Su amor a la Orden lo demostró con el testimonio de su vida. La fe iluminaba su vida.  Ante las vicisitudes de la vida, solía repetir: ”Sit nomen  Domini benedictum”. Los últimos años de su vida los pasó en la comunidad de Laredo, sirviendo a los fieles de dos parroquias rurales. Mirando el curso de su vida podemos decir que fue el “hombre providencial” que Dios concedió a la Orden en España, en un momento  especialmente difícil de su historia. A los 81 años de edad sintió que sus fuerzas  se debilitaban. Los médicos le aconsejaron que fuera a descansar a la residencia de ancianos de Algorta, donde las religiosas Trinitarias le podían atender. Allí terminó sus días, el  30 de enero de 1994.