Entrega de las reliquias de nuestro P. S. Juan de

Mata en el Monasterio de las Madres l Trinitarias Descalzas de Madrid

 Santo Trisagio, nº.55, noviembre-diciembre,1949, pp.271-274

 

El día 29 de octubre, a las diez y media de la mañana, se presentaron en esta Comunidad los señores portadores de los sagrados res tos de nuestro P. San Juan de Mata, que venían a hacer entrega de ellos a la Comunidad, que los conservaba desde la exclaustración de nuestros Padres, en calidad de depósito (1). Dichos sagrados restos, al advenimiento de la República, los trasladaron, para mayor seguridad y ante el requerimiento de las Madres, al domicilio de los señores Navarro Reverter, en cuya casa los custodiaban con cariño y veneración, conscientes, como católicos fervientes que son, del tesoro que les habían confiado. En el coche particular de estos señores los llevó el R. P. Provincial, Pedro de Santa Teresa, el mes de mayo de 1931.

Es de advertir que, meses después de la liberación, al ir las Madres a recuperar objetos que nos faltaban, hallaron en las escaleras de la Catedral las preciadas reliquias, lo cual fue advertido por tener la urna la efigie sobre relieve de nuestro Santo Padre.

Al estallar el glorioso Movimiento nacional, como quedó el populacho dueño de todo, penetraron en esta morada también (le dichos señores, como en otras muchas, y con los objetos que en ella había, se llevaron asimismo el cuerpo de nuestro Santo Padre junta. mente con la hermosa y artística urna (le plata que lo encerraba, la cual, rompiendo las cerraduras, pudieron ver su contenido. Pero, ¡oh, cuán grande es el poder del Dios Tres veces Santo, que no permitió que profanaran aquel relicario sagrado, que así se puede llamar a boca llena el cuerpo de nuestro amado Padre, puesto que fue compañero fiel de aquella alma iluminada con celestiales fulgores, digna habitación de la Trinidad Augusta, que. le confió nada menos que el establecer en su Iglesia Santa la ínclita Orden que llevara su título glorioso

Pues bien; corno digo, penetraron en la sagrada clausura los muy ilustres señores Notario y Fiscal eclesiásticos D. Hipólito Vacchiano D. Enrique Valcárcel, acompañados del Definidor Provincial, Padre Angel de la Madre de Dios, confesor de la Comunidad (2), y del pundonoroso caballero Dr. D. Manuel Pérez de Petinto, decano de los médicos Forenses de Madrid, que había llevado a cabo con minuciosa escrupulosidad el reconocimiento de las sagradas reliquias, sometiéndolas a análisis riguroso, resultando ser las mismas de nuestro glorioso Patriarca, para cuyo efecto nuestros Padres de Roma habían enviado a la Curia Eclesiástica una reliquia auténtica.

Las colocaron en su urna cuidadosamente, la cual está ricamente forrada con terciopelo encarnado y con flamantes galones de oro, que a pesar de los años se conservan, lo mismo que el terciopelo, como si los acabaran de poner.

Acto seguido, el señor Notario tomó declaración juramentada a nuestra Rvda. Madre Ministra, Sor María Loreto del Dulce Nombre de Jesús, y al Dr. Petinto y firmada el acta, procedieron al cierre

de la urna, lacrándola y sellándola pero no sin antes acudir toda la Comunidad para venerar aquellos preciados despojos, imprimiendo en ellos, sobre todo en el cráneo, repetidos ósculos de filial y santo cariño, cual si quisiéramos beber allí su gigantesco espíritu, rogándole, al propio tiempo, nos alcanzara algo de aquel fuego sagrado que él en tan gran abundancia poseía, suplicándole con reitera das instancias por todos los miembros de nuestra Santa Orden y por os que de cualquier modo pertenecieran a la misma. Pedirnos también por los bienhechores y por la prosperidad de sus obras apostólicas. Que él interceda con la Trinidad Augusta para que nos con- ceda llevar adelante su misión redentora, que abarca mucho y tiene muy variados matices, y siempre caldeados en el divino fuego que Jesús vino a traer a la tierra.

Sí, nuestro Padre querido nos mira complacido y vela con paternal amor sobre su rebaño predilecto, que un día venturoso le confiara la Trinidad Beatísima. Merced a este calor espiritual que reciben a diario sus hijos e hijas de la vida activa, trabajan con apostólico celo sobre tantas empresas que les han confiado de la gloria de Dios, mientras sus hijas contemplativas les ayudan en esta magna empresa de llevar almas al cielo, y con oración y silencio continuo se inmolan constantemente (aun cuando se dedican a trabajos manuales), no perdiendo nunca de vista su misión redentora, ya que el mundo, hoy más que nunca, necesita almas de temple que trabajen por extender el reinado de Jesús y almas contemplativas que calladamente emulen al apóstol en su noble empresa.

La sagrada cabeza de nuestro glorioso Padre (así como los demás huesos) está blanquísima, como dice la VI lección de la fiesta de su Traslación, y preciosa cual si fuera de marfil, lo que causa admiración y hace exclamar: «¡Oh, y qué perfecto debió ser nuestro querido Padre y Fundador! ¡Sí, perfecto de cuerpo y más aún de alma, donde moraba complacida la Trinidad Augusta!

También dicha lección menciona otra reliquia insigne, propiedad de nuestros Padres Calzados, la cual, al extinguirse éstos, donaron a esta Comunidad, como consta del libro capitular y acta que levantaron. Esta sagrada reliquia se veneraba en el retablo de nuestra iglesia, en una preciosa urnita dorada, la que pasó inadvertida a los profanadores de las cosas santas. Ahora que, como había des aparecido la auténtica, ha tenido que ser asimismo sometida a análisis. Dicha preciada reliquia queda como estaba anteriormente, o sea en su urna aparte, juntamente con su auténtica y acta, bien lacrada  sellada.

Nos quedaba por advertir que, con el sagrado cuerpo de nuestro esclarecido Padre y Patriarca, nos fueron también entregados los sagrados despojos de dos Venerables Generales de los primitivos de nuestra Sagrada Orden, como son los Padres Juan Anglico y Miguel Láinez, segundo y quinto General, respectivamente. Del último se conserva casi todo el cuerpo, incluso el cráneo. Estas reliquias se encontraron fuera de sus urnas y tiradas por el pavimento, pero con la particularidad de que cada hueso tenía su letrerito, cuidadosamente pegado, a quién pertenecía. Así que no hubo dificultad para su reconocimiento; mas no obstante esto, las llevaron al laboratorio para limpiarlas y arreglarlas (3), llevándolas la autoridad eclesiástica y el señor Doctor, juntamente con las de nuestro Santo Padre el día 24 de junio de 1946.

Después de ser depositada la urna de nuestro amadísimo Padre en el mismo lugar que ocupaba Con anterioridad a estos acontecimientos, es decir, en el coro bajo, donde hay un hueco grande abierto en la pared con su puerta de cristal, se cantó un solemne Te Deum, cuyas voces repercutieron en los ámbitos del cielo, en acción de gracias a la Beatísima Trinidad.

SOR MARÍA ROSARIO DE S. ANTONIO,

                                                                                        T.D.

 

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(1) Hasta que tengan nuestros Padres iglesia propia en Madrid.

(2) En representación de nuestra Santa Orden.

(3) Las han colocado en unas urnas separadas, lacradas y selladas.