CENTENARIO DEL NACIMIENTO

DEL

VENERABLE FÉLIX DE LA VIRGEN

                                                                                                       

    No sé si los conocedores de la familia trinitaria sabéis que este año celebramos los 100 años del nacimiento del  P. Félix Monasterio, más conocido por el P. Félix de la Virgen. Con este motivo la Comunidad de Algorta (Trinidad), en diálogo con los responsables religiosos y civiles de Rigoitia, ha confeccionado un sencillo programa que será actuado en Algorta, donde el P. Félix vivió muchos años, donde murió y donde reposan sus restos, y en Rigoitia, donde nació el 2 de mayo de 1902.

    Antes de hablaros, sin embargo, del programa, dejadme que os diga dos palabras sobre este hermano nuestro que sigue irradiando tanta luz sobre el mapa actual de la Provincia religiosa, de la Orden entera y para la sociedad. Es verdad que el Vaticano II nos separa un tanto en aspectos culturales, incluso teológico-espirituales, de estos modelos "preconciliares". Mas el hecho de que los "santos" se han alimentado de la mejor sustancia del Evangelio, de que sus vidas están plantadas en el corazón del Evangelio, hace que su ejemplaridad trascienda tiempos y culturas y se mantenga inmarcesible, contemporánea siempre. Lo que envejece es sólo su epidermis, nunca su mensaje sugestivo.

    Por eso el recuerdo del P. Félix en Algorta es siempre fresco. Pobre, humilde y mortificado; eucarístico, mariano y apóstol. Tuvo una suprema ansia:"Creer y amar a Dios tres veces Santo", "vivir para su honra y gloria", "ser suyo por completo y para siempre". Su ofrenda a la Trinidad es total: "Aquí me tienes a mí y todo lo mío"; "ya es tuyo, haz de ello como quisieres"..."mis intereses son los tuyos".

    Y, claro, la Trinidad lo envió a los suyos: a los pobres, a los enfermos, a los hambrientos de misericordia y redención. "Qué gran enfermero", exclaman los enfermos hospitalizados en el convento trinitario de Algorta en 1937. ¡Cuánta caridad y generoso perdón invadía su corazón cuando unos desalmados lo cubren de insultos y agravios!. Su vida tiene un nombre "servicio". Se sabe mensajero de Dios-Caridad. Nada tiene que dar a los pobres y abandonados, por eso comparte con ellos su vida, se da hasta vaciarse. En salud y enfermedad. Su ministerio no conoce descanso. Así hasta el fin.

Como formador de futuros trinitarios, su gran obsesión es modelarlos conforme al mejor estilo de la Orden, con ingredientes de contemplación y de acción, de caridad dadivosa, de pobreza liberadora, de penitencia en visión pascual...


¡Cuánta grandeza en este humilde trinitario! ¡Cuánta luz arroja sobre el presente de la Provincia, de la Orden, de la Familia Trinitaria, de la sociedad en general! Ojalá sigamos sus huellas. Sería garantía de un futuro renovado y glorioso

Ignacio Vizcargüenaga