NOCHE BUENA
Noche de Navidad-1
En
una noche como ésta, hace mucho tiempo, sucedió el milagro más grande jamás
imaginado por el hombre: Aquel que era de condición divina, enteramente
semejante al Padre, el Hijo de Dios, se despojó de su rango y se hizo hombre.
En una noche como ésta, se detuvo el tiempo y la creación entera se sobrecogió,
porque a María "le llegó el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo
envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había sitio en la
posada". El Hijo del Altísimo tomó la condición de esclavo, descendió
hasta las simas más profundas de la condición humana. En una noche como ésta
una gran luz iluminó la tierra y un silencio impresionante se hizo en el cielo,
porque esta tierra nuestra, un punto insignificante del universo, entre millones
y millones de mundos, fue escogida por Dios para nacer, para habitar entre
nosotros, como uno de nosotros. En
una noche como ésta la creación entera, desde las estrellas más remotas hasta
las profundidades del abismo, estaba pendiente de aquel pesebre, en el que
toda la grandeza e inmensidad de Dios aparecía envuelta en pañales,
revestida de la fragilidad de la vida humana recién nacida. Un intenso
estremecimiento atravesó el cielo y la tierra al contemplar a aquel Niño
recostado en un pesebre: en él Dios visitaba a su pueblo, Dios se adentraba en
la oscuridad de nuestra historia para iluminarla con su claridad; en él se hacía
presente la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres. Esta
es la buena noticia que los ángeles anunciaron en medio de la noche: "No
temáis, os traigo la buena noticia, la gran alegría para todo el pueblo: hoy,
en la ciudad de David, en Belén, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor".
El evangelio -la buena noticia- empezaba entonces a hacerse oír; el evangelio
-la buena noticia- que es Jesucristo mismo, comienza en la misma noche de su
nacimiento. Por eso esta noche es
noche de alegría; se nos ha anunciado una gran noticia: un
niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. Esta es la noche en que se
cumple la profecía de Zacarías, el padre de Juan Bautista: "Por
la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo
alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para
guiar nuestros pasos por el camino de la paz".
Esta
noche el amor entrañable de Dios ha hecho posible el milagro: Dios está con
nosotros, Dios se ha hecho uno de nosotros, Dios ama a los hombres, Dios nos
hace partícipes de su gloria y de su paz por
su entrañable misericordia.
Desde
aquella noche única Dios en el don de su Hijo nacido de la Virgen María regala
su paz a los hombres, y sin embargo, esta paz no es acogida por muchos; todavía
el odio y la injusticia enfrentan a unos hombres contra otros; todavía esta
noche suenan los cañones y las bombas de la guerra en algunos lugares de esta
tierra tan amada por el Padre; todavía la buena noticia del nacimiento del
Salvador no ha sido escuchada por una inmensa multitud de hermanos; todavía una
gran parte de la humanidad, como le sucedió al Hijo de Dios en la noche de su
nacimiento, no encuentra sitio en la posada del desarrollo y tiene que
sobrevivir a la intemperie bajo la amenaza del hambre, de la injusticia y del
racismo. El mensaje de la noche de Belén está todavía casi por estrenar; pero
Dios sigue confiando en nosotros, en nuestra capacidad de renovación y de amor.
Podemos amar y ser solidarios, porque Dios nos amó primero y cargó sobre sí
todas nuestras miserias.
Para
todos vosotros, que habéis venido esta noche a celebrar el nacimiento de
Jesucristo, pedimos al Señor que os haga sentir su presencia salvadora, que os
consuele y conforte con sus dones, que llene vuestros corazones y vuestros
hogares de su amor entrañable, cuyo fruto es la paz para los hombres que ama el
Señor. Amén.
NOCHE
DE NAVIDAD-2
Un
par de veces al año nos reunimos en la noche: la noche de la vigilia pascual a
la espera de la resurrección del Señor, y esta noche santa de la navidad para
celebrar el nacimiento de Jesús. Y nos reunimos con espíritu de fe, porque
cuando esta noche ha sido despojada en muchos ambientes de su misterio santo,
cuando esta noche de luz se hace tiniebla densa en que se borra el rastro de
Dios, nosotros los cristianos no podemos enterrar estas dos noches santas que
nos quedan, porque la noche es tiempo de
salvación, porque de noche, en un pesebre, nacía tu Palabra; de noche lo
anunciaron el ángel y la estrella.
Esta
es la noche en que Dios iluminó las tinieblas del mundo con el nacimiento de su
Hijo. Es la noche en que se cumplen los oráculos de los profetas: "El
pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaban tierras de
sombras, y una luz les brilló... Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos
ha dado". Es el nacimiento del Mesías, del Príncipe de la paz, que
viene a nosotros como luz en la noche, gozo en la tristeza, vida en la muerte.
En esta noche santa celebramos el intercambio más sorprendente que jamás pudo
soñar el hombre: Dios toma nuestra frágil condición humana para hacernos partícipes
de su misma naturaleza divina; el Dios eterno entra en el tiempo para llevarnos
a nosotros a la eternidad; esta es la noche en que Dios asume nuestra historia
pecadora para liberarnos de todo pecado, pues en el nacimiento que hoy
celebramos "ha aparecido la gracia
de Dios, que trae la salvación para todos los hombres". Este es el
maravilloso intercambio que nos salva: el que es la vida comparte nuestra muerte
para regalarnos el don de la inmortalidad. Es el desposorio de Dios con la
humanidad que cantó San Juan de la Cruz:
¡Oh noche que guiaste!
¡Oh noche amable más que la
alborada!
¡Oh noche que juntaste / Amado con
amada,
amada en el Amado transformada!
Por
eso en esta noche santa se alegran los cielos y la gloria del Señor llena la
tierra, porque en lo más profundo de esta noche se oyó la gran noticia, la
buena noticia tan largamente esperada: "Hoy,
en la ciudad de David, en Belén de Judá, os ha nacido el Salvador... Y aquí
tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un
pesebre". Estas son las prendas de identificación del Hijo de Dios que
viene a nuestro encuentro: "mientras
estaban allí le llegó el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito,
lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en
la posada". Este es el Niño, cuyo nacimiento estamos celebrando: el
Salvador nace bajo la luz de las estrellas al cobijo de un pesebre de animales,
porque no había sitio para él entre los hombres, porque vino a su casa, y los
suyos no lo recibieron. Así comienza el primer acto de la historia de nuestra
salvación: con la más escalofriante indiferencia de los hombres ante su
Salvador, preludio triste que ya anuncia el final de la cruz. Sólo los
pastores, que representan a todos los humildes y despreciados de este mundo,
oyen la buena noticia y se ponen en camino hacia la gruta de Belén. Como ellos,
también nosotros esta noche queremos acoger a Jesús y darle cobijo en nuestro
corazón y en nuestros hogares; como los pastores también nosotros hemos venido
a adorar al que ha nacido como Dios con nosotros. Pues que el fruto de esta
celebración sea la confesión agradecida de la gloria de Dios, que resplandece
en el nacimiento de Cristo, de donde procede toda paz, todo consuelo y toda
alegría para los hombres.