VIGILIA PASCUAL

 José Mª. de Miguel

Esta es, hermanos, la noche de las noches, la más luminosa de todas, la noche clara como el día. Porque esta es la noche en que, rotas las cadenas de la muerte, Cristo asciende victorioso del abismo. ¡Qué noche tan dichosa! Sólo ella conoció el momento en que Cristo resucitó de entre los muertos, sólo ella fue testigo silencioso del más grande acontecimiento que jamás vieron ni volverán a ver los siglos. ¡Qué noche tan dichosa en que se une el cielo con la tierra, lo humano y lo divino! En esta noche santa la claridad de Cristo resucitado rasgó las densas tinieblas que cubrían la faz de la tierra. Esta es la noche de la vida nueva y eterna; la noche de la gracia y del perdón; la noche de la victoria de Cristo y de nuestra liberación. Por eso:

¡Exulten los coros de los ángeles; goce la tierra entera; alégrese nuestra Madre la Iglesia; celebremos todos con inmensa alegría la victoria de nuestro Redentor!

¡Ha resucitado el Señor! Este es el grito de júbilo, este es el anuncio feliz que resuena en esta noche santa por los cinco continentes. Millones de cristianos como nosotros celebran esta noche santa en los más remotos rincones del mundo.

"¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?"

Toda la historia de la salvación, desde la creación del mundo, desde la elección de Abrahán, nuestro padre en la fe, desde la liberación de la esclavitud a través del Mar Rojo, desde las promesas de los profetas... todo lo que Dios ha hecho con el hombre y por el hombre... ¡todo... tiene por meta y destino lo que pasó en esta noche de gracia: la resurrección de Cristo, la victoria del Señor sobre las fuerzas del mal, la derrota del Príncipe de este mundo, la destrucción del poder aniquilador de la muerte! Este anuncio feliz es el evangelio; esta es la buena noticia. Jamás ha resonado en la tierra una noticia más hermosa, más consoladora, más henchida de esperanza que la que los ángeles comunicaron a las mujeres a la puerta del sepulcro vacío: "No está aquí. Ha resucitado".

Ya tenemos futuro, ya tenemos esperanza. No es la muerte el final del camino, porque Cristo nos espera en Galilea, porque él nos aguarda cuando la noche de la muerte nos envuelva en su tiniebla: entonces, Cristo será nuestra luz.

Cristo ha muerto y ha resucitado por nosotros y para nosotros.

¡Qué asombroso beneficio del amor de Dios! Para rescatar al esclavo entregó a su Hijo. Somos nosotros los beneficiarios del amor del Padre, que en esta noche nos abraza junto con su Hijo resucitado.

Abramos las puertas de nuestro corazón al amor del Padre; alejemos de nosotros toda sombra de pecado, para que entre hasta el fondo de nuestro ser la luz de Cristo resucitado. Porque, como nos ha dicho san Pablo, si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él. Consideráos, pues, muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.

¡Noche bendita, noche de esperanza, noche de los cristianos, porque esta es la noche de Cristo! Alegrémonos y demos gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia. Amén, Aleluya.