SAN SIMON DE ROJAS

HOMILÍA EN SU FIESTA

    Juan Manuel Ruiz Memendi

SERVICIO DE AMOR

           En la oración de después de la comunión de la misa de hoy, la Iglesia proclama que  San Simón de Rojas se entregó   al pueblo “en un continuo servicio de amor”. Es  la frase que resume la  vida de quien,  como dicho la antífona de entrada, inspirándonos en Jeremías, puso su confianza en el Señor y, plantado junto al agua, ha echado raíces de caridad y misericordia, de bondad y  humildad; de dulzura y comprensión. Todo esto ¿a qué se debe? A que la Palabra de Cristo habitó siempre en él. San Simón de Rojas actuó en el nombre de Jesús, y, poseído por El Espíritu, todo lo hizo para gloria del Padre, en un continuo servicio de amor.  Bajo la protección de María, Dios destruyó en él el hombre viejo y creó el hombre hecho a imagen y semejanza de la Santa Trinidad.

LA HORA DE LOS LAICOS

            No olvidemos que todo esto le estamos celebrando al comienzo del siglo XXI, en un siglo en que, desde la perspectiva eclesial, proclama: Ha llegado el tiempo de los laicos en la Iglesia de Jesucristo. Esta, en el futuro, no podrá servir al mundo desde la fe en el Señor Jesús si no se transforma realmente en el “pueblo de Dios”, el  pueblo donde los laicos, por fin, ocupen el lugar que les corresponde por elección divina, por la gracia bautismal. El Padre, mediante la unción del Espíritu, hace que todo bautizado participe en la misión de Cristo, como sacerdote, profeta y rey.

            Aquí quiero situarme yo hoy, para leer todo lo que la Palabra de Dios y las distintas partes de la liturgia nos han dicho sobre el fundador de la Congregación del Ave María.

            Van a ser dos puntos sencillos y concretos:

  1. San Simón de Rojas, un hombre de pueblo y para el pueblo.
  2. El laico cristiano del siglo XXI.

SAN SIMON DE ROJAS, UN HOMBRE DEL PUEBLO Y PARA EL PUEBLO

                        Concluida su formación religioso-sacerdotal, es muy fácil seguir el camino misionero de nuestro santo. Toledo significará para él la entrega generosa a la formación de los futuros religiosos trinitarios. Después, su peregrinar por distintos conventos trinitarios, al servicio de la comunidad religiosa, evidencia el espíritu renovador del hermano ministro, siempre en pie para convertir corazones e infundir nuevo espíritu a comunidades religiosas. Predicando y ejerciendo el servicio ministerial del Sacramento de la Penitencia, atiende a la gente sencilla de pueblos y ciudades y presta servicios inmejorables a la vida religiosa, sobre todo a la femenina. Y toda esta tarea misionera, siempre bajo la advocación del Ave María y con entrañas de caridad y misericordia.

            Pero la llegada a Madrid, a principios del siglo XVII, va a descubrirnos otra faceta del Padre Ave María: su entrega a la promoción del laicado. Es conocida su labor misionera y ejemplar, sin lucro alguno, entre los reyes y grandes de España; nos causa admiración  su preocupación constante por colocar y sacar de la situación de injusticia a las mujeres de la vida pública, por visitar y cuidar a enfermos en hospitales o a presos en las cárceles.

            En Madrid Simón de Rojas conoce a un buen cristiano, el caballero de Gracia, un hombre un tanto enigmático -hay mucha leyenda  en su vida- que ha llegado desde Italia a nuestra  capital. Este personaje conoce muy bien el movimiento de los oratorios de San Felipe Neri   en favor de la promoción de los laicos. La predicación. durante años, del P. Rojas en la capilla del Caballero de Gracia, es sí una sabatina en honor de María, pero es también una catequesis semanal para la formación de la gente sencilla del pueblo. La fundación de la Congregación del Ave María, es sí la creación de una institución, conforme a los aires del tiempo, para la devoción de tan dulce nombre, primero, y, luego, para la asistencia a los excluidos de la época: los soldados que llegaban de las guerras sin beneficio ni paga y para los sacerdotes que vagaban por Madrid muertos de hambre. Pero quizás no se ha puesto de manifiesto que la institución Ave María era una escuela de oración y de formación litúrgica, al estilo de la época, de los seglares; las charlas periódicas y bien preparadas eran para los congregantes una auténtica catequesis de adultos. Y que éstos eran miembros activos y responsables de la marcha de la Congregación. A ésta no se entraba para “estar” ni para disfrutar simplemente de beneficios espirituales, sino para “ser” creyentes adultos y miembros corresponsables en la Iglesia de su tiempo e inmersos en la problemática de los hombres de su cultura.

            No es este el momento para detenerse más en este punto. Pero es de gran valor histórico el ver cómo esta iniciativa de San Simón de Rojas se mantiene y se fortalece en la Congregación durante todo el siglo XVII y parte del XVIII. Las diversas Constituciones de la institución y las actas de las reuniones son el mejor testimonio de lo que acabo de afirmar.

EL LAICO CRISTIANO DEL SIGLO XXI

            Ahora ha llegado el momento de traducir lo que he dicho al  cristiano del siglo XXI. Yo, inspirado en la vida, obra y escritos de San Simón de Rojas, me atrevo a decir las siguientes cosas. Perdonadme si en algo me paso.

            Hay que olvidarse un poco de la Iglesia. Debemos proclamar a voz en grito el seguimiento de Cristo. Lo primero, y esto es muy claro en la obra escrita de nuestro santo, es el seguimiento de Cristo. Toda vocación nace en el Pueblo de Dios de la adhesión viva y personal al Señor Jesús. Esto hay que cuidarlo mucho en la espiritualidad laical de nuestro siglo.

            Desde el seguimiento de Cristo, los laicos debéis sentiros servidores del Reino de Dios, no del cura, ni del obispo ni de la Iglesia, porque todos éstos deben estar también al servicio del Reino. Cada día, no sólo rezar, sino también trabajar para que sea verdad aquello que pedimos: Venga a nosotros tu Reino.

            Dando un paso más, hay que pediros a vosotros, laicos cristianos, que en la Iglesia no os sintáis unos miembros pasivos. Por vuestro bautismo tenéis la misma dignidad de hijos de Dios que Juan Pablo II, estáis llamados al más alto grado de santidad y  participáis igualmente en la misión de la Iglesia. Afirmaros, sí, como pueblo de Dios, para sentiros enviados al mundo. El cristiano responsable tiene que dar su testimonio y realizar su compromiso misionero en el mundo.

            Pero, ojo, aquí sí que viene oportunamente el mensaje de Simón de Rojas: Enraizados siempre en la Palabra Dios y alimentados en la Eucaristía.

            Y ahora un punto que se nos olvida con frecuencia. Dice el Concilio Vaticano II que todos tenemos la obligación de alcanzar la perfección cristiana. Desde el Bautismo, todos por igual. De ahí que en la vida del laico tiene que florecer también la radicalidad evangélica. Hay que afirmar con rotundidad que la espiritualidad del laico es tan exigente como la de la religiosa o la del religioso. San Simón de Rojas es para todos vosotros, sus devotos, un gran estímulo en esta línea para el siglo XXI.

             Hoy en la Iglesia española se necesitan, sí, mujeres y hombres de fe madura, pero que estén también a la altura cultural del hombre del siglo XXI y se sumerjan, con ciencia, responsabilidad y compromiso, en la problemática del siglo que está naciendo.

PASO A LA EUCARISTÍA

            La Palabra de Dios transforma nuestra vida, nos abre nuevos horizontes. Pasemos ahora al banquete del Cuerpo y de la Sangre del Señor  para celebrar que el Señor nos ha elegido y nos ha destinado, como a San Simón de Rojas, para dar fruto, y para que nuestro fruto dure.

 

ORACIÓN DE LOS FIELES

            Por intercesión de San Simón de Rojas presentemos nuestras peticiones a Dios, Padre de misericordia.

-         Por la Iglesia, especialmente por el Papa y los obispos, para que promueva la participación de los laicos en las tareas eclesiales. Oremos.

-         Por todos los bautizados, para que asuman su responsabilidad en la comunidad cristiana y en las tareas seculares, domo seguidores del Evangelio. Oremos.

-         Por los gobernantes para que busquen la paz  basada en la justicia y en el respeto de todos los derechos humanos. Oremos.

-         Por las víctimas del terrorismo en todos los países del mundo, especialmente por los que han fallecido esta semana. Oremos.

-         Para que en nuestro país, todos los partidos democráticos busquen la convivencia y huyan de las confrontaciones. Oremos.

-         Al comienzo del curso pidamos por la calidad de la enseñanza y la buena educación en todos los centros escolares. Oremos.

-         Por nosotros y por la Familia Trinitaria, para sigamos el camino del servicio a los hermanos que guió la vida de San Simón de Rojas. Oremos

Escucha, Señor, nuestras peticiones y, por intercesión de San Simón de Rojas, concede a los hombres de nuestro tiempo vivir en la verdad y en el servicio mutuo. Por Jesucristo Nuestro Señor.