LAICADO TRINITARIO

Proyecto de vida del Laicado Trinitario

 

Isidoro Murciego Murciego

1.      A modo de introducción

“En la Familia Trinitaria, el laicado ha encarnado siempre,

en su dimensión secular, el don del Espíritu a S. Juan de Mata.

Por ello todos nosotros, religiosos, religiosas de vida contemplativa

y apostólica, laicos, estamos llamados a caminar juntos,

como hermanos y hermanas de la Trinidad”

(Asamblea Intertrinitaria, Ariccia 1999, 3)

 

Abrimos nuestra reflexión con una referencia al Mensaje del Sínodo de los Obispos “El Obispo Servidor del Evangelio para la Esperanza del Mundo”:  Los laicos redescubren en nuestro tiempo la misión que les corresponde en la animación de las comunidades cristianas. Agradecemos y vivamente animamos a quienes, según su capacidad, consagran sus energías a este trabajo, en comunión (cf.  Mensaje del Sínodo de los Obispos, 26/10/2001, n. 23). “Los obispos, por su parte, desean promover la vocación originaria de los laicos, que consiste en testimoniar el Evangelio al mundo. A través de su compromiso familiar, social, cultural, político y de su integración en el corazón de las realidades que el Papa Juan Pablo II ha definido ‘nuevos areópagos’, en particular en el universo de los media y por la salvaguardia de la creación (Redemptoris Missio 37), continúan a colmar el vacío que separa la fe de la cultura. Se reúnan en un apostolado organizado para estar en la primera línea de la necesaria lucha por la justicia y la solidaridad, que vuelven a dar esperanza al mundo” (Mensaje del Sínodo de los Obispos, 2001, n. 24).

“Vosotros jóvenes sois ‘los centinelas de la mañana’... ¿Qué os pide el Señor de la Historia para construir la civilización del amor? Vosotros poseéis un penetrante sentido de las exigencias de la honestidad y de la transparencia; no queréis dejaros enrolar en campañas por la división étnica, ni dejaros vencer por la cangrena de la corrupción. ¿Cómo ser  discípulos de Jesús y actualizar el mensaje proclamado en el monte de las bienaventuranzas?... Es un mensaje que dice a cada uno de vosotros: ‘Ama a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la fuerza y con todo el espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo’ (Lc 10,27)” (Mensaje del Sínodo de los Obispos, 2001, n. 28).

Los laicos trinitarios desde los orígenes han estado en la brecha del compromiso según el don del Espíritu concedido a la Iglesia a través de San Juan de Mata. La andadura va siempre acomodada a los signos de los tiempos y con el ánimo de dar respuesta a los diversos desafíos. Hoy existen signos que impulsan a un nuevo compromiso, juntos, en comunión. Los hermanos y las hermanas de la Familia Trinitaria con su testimonio facilitan el camino de la Iglesia comunión.

Nos acercamos ahora al recién aprobado ‘Proyecto de Vida del Laicado Trinitario’ (15/11/2000)  conscientes que cada laico trinitario está llamado a la primera línea del carisma trinitario-redentor en el corazón del mundo.

1.1. Breve nota histórica

Para un ser que vive, la adaptación a su ambiente no consiste en abandonar la verdadera identidad, sino más bien en robustecerse dentro de la vitalidad que le es propia (Pablo VI, ET 51). Muchas cosas han cambiado a lo largo de estos ocho siglos de historia de la Orden de la Santísima Trinidad y de la Redención de Cautivos desde aquel 17 de diciembre de 1198, pero es el mismo Espíritu el protagonista desde entonces. San Juan de Mata, fundador de la Orden, y todos nuestros hermanos y hermanas santos, nos preceden en el camino, ejemplos en el seguimiento de Cristo, en la acción en favor de los cautivos y los pobres para gloria de la Santísima Trinidad. "Gloria tibi Trinitas et Captivis Libertas" es el santo y seña de todo trinitario y trinitaria en la historia.

Desde los inicios, en vida del Fundador Juan de Mata, constatamos que hay cristianos laicos hombres y mujeres que participan del espíritu de la Orden. La Regla de 1198 señala su presencia. En la bula del 3 de febrero de 1199, el Papa Inocencio III concede el permiso para acoger fieles laicos. En 1203, en el contrato entre el Obispo de Arlés y S. Juan de Mata, se hace referencia a los afiliados al convento. En 1208, el Obispo de Segovia dirigiéndose a sus diocesanos les exhorta para que se inscriban a la ‘gloriosa’ Cofradía Trinitaria. El Papa Inocencio III en 1209 confirma las Casas y las Cofradías Trinitarias. Un sin fin de documentos, a lo largo de más de ocho siglos de historia, dan testimonio de los Laicos que viven el espíritu y carisma trinitario-redentor. “El Papa fue en todo momento el promotor y defensor principal de la obra redentora, de su confratria y de la colecta de limosnas para ese fin” (Porres Alonso B., Libertad a los Cautivos, 1997, 112).

Tenemos noticia de Estatutos de las Asociaciones Trinitarias atribuidos al tercer Ministro General Guillermo Escocés (1217-1222) (cf. Angelo Romano, Le affiliazioni..., Isola del Liri 1947, 72). En sus más de ocho siglos de historia los laicos trinitarios, con diversas denominaciones, siempre han tenido Estatutos, Directorios, Reglas de Vida, Vademecum, etc. Los primeros Estatutos que conocemos de la Orden Tercera fueron publicados en 1584 y llevan la aprobación del Ministro General, Bernardo Dominici. León XII aprueba la Regla de Vida de los Terciarios en 1828. Será confirmada en 1925  y en 1940 por la Santa Sede.

1.2.Después del Vaticano II

Con el Motu propio de Pablo VI ‘Ecclesiae Sanctae’(1966) se abre una fase de transición en los Institutos de Vida Religiosa y, por tanto, en las Asociaciones. Se dan normas  para una profunda renovación que debía tener expresión en las nuevas Constituciones. Religiosos y religiosas se concentran sobre si mismos y los laicos asociados quedan un tanto desatendidos.

También ellos tienen que renovarse, pero ¿cómo hacerlo? Pasan largos años sin una respuesta bien coordinada. Es verdad que se organizan encuentros internacionales sobre los laicos y con los laicos en los años 60 y 70 (Salamanca, enero 1969;  Córdoba, marzo 1972; Roma para Italia, septiembre 1972; Salamanca, octubre 1972, “Formadores de la Familia Trinitaria”;  Roma, diciembre-enero 1973-1974, “El Trinitario hoy”; etc.) y que los contenidos del carisma trinitario-redentor aparecen con luz propia en el contexto eclesial, pero faltan criterios y orientaciones para seguir los caminos de la renovación, quizás porque los mismos religiosos y religiosas están a la búsqueda de una renovada identidad.  “Invita a los Secretariados a que organicen reuniones periódicas de los Directores de las diversas Asociaciones trinitarias, y al mismo tiempo invita a los Directores de las Asociaciones a que promuevan de vez en cuando una celebración Eucarística comunitaria, con la participación de los religiosos, religiosas y diversas asociaciones trinitarias, como símbolo de unidad de la familia trinitaria” (Congreso de Córdoba, 1972). En estos años renace la familia trinitaria. En Italia bajo el nombre de “Movimiento Trinitario” se integran todas las asociaciones trinitarias y se tiene en cuenta a los jóvenes y a los adolescentes. En 1973 publicaron sus propios Estatutos. En el Congreso del Apostolado Misericordioso-Redentor (Rocca di Papa 1982) que se celebró en Familia también los laicos tuvieron una parte importante.

El nuevo Derecho Canónico (1983) da pautas para orientar el apostolado de los laicos dentro de las asociaciones a las que pertenecen. A partir del Congressus Familiae Trinitariae de 1983 (aprovechando la beatificación de Domingo Iturrate) se pone de moda el slogan: “Es la hora de los laicos”. ). Como en los orígenes y a lo lago de la historia, sin los laicos no es posible realizar eficazmente nuestra misión en la Iglesia y en el mundo de hoy.

A la Asamblea Intertrinitaria de Majadahonda (1986) participan en partes iguales y en igualdad de condiciones (laicos, religiosas y religiosos) será una ocasión extraordinaria, para tomar conciencia de la propia identidad y pertenencia, y para precisar criterios y líneas programáticas en cuanto a los laicos. El tercer fascículo de preparación a la Intertrinitaria llevaba por título “Construir juntos: Laicado Trinitario”. En Majadahonda se distribuyó un Esquema-Base fiel al pasado y que acogía los elementos nuevos de los signos de los tiempos. También hubo lugar para presentar: ‘Notas Históricas del Laicado’; ‘La Orden Secular’; ‘Las Cofradías’; ‘Los Movimientos Trinitarios’, ‘ Grupos Juveniles’. Una constatación unánime: “El laicado trinitario desde los orígenes es parte esencial de la Familia Trinitaria. Comparte el carisma de Juan de Mata y realiza la misión redentora-misericordiosa en medio de las estructuras del mundo con su propio carácter secular... El laicado trinitario está formado por diferentes grupos que, unidos por la misma espiritualidad, expresan la riqueza del carisma y realizan la misión de forma diferente y en contextos diversos” (Majadahonda I,1.5). “Somos conscientes que sin los laicos no es posible la Familia Trinitaria” (Encuentro de Superiores Generales, Roma 1987).

Es un momento de grandes expectativas, pues la Iglesia dedicará el Sínodo de los Obispos del 1987 al tema: “Vocación y misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo”. La nueva dinámica que se ha creado en la Familia Trinitaria da muchas oportunidades para centrar la atención sobre los Laicos. Religiosos, monjas, religiosas e Instituto Secular descubren una tarea común: la promoción del laicado trinitario. Se programan encuentros con objetivos concretos: hay que llegar a unas líneas esenciales en las que se reconozcan todos aquellos laicos que participan del carisma trinitario. Entre las motivaciones para el Encuentro de 1988 se decía: “Pretendemos acercarnos a las fuentes y hacer más presente en la Iglesia el espíritu de Juan de Mata, y todo ello en Familia, en comunión, religiosos, religiosas y laicos” (San Crisógono, febrero-marzo 1988). Solidaridad y subsidiaridad; internacionalidad y pluralismo son factores constantes en dichos encuentros.

La canonización de Simón de Rojas nos brinda otra oportunidad para ulteriores pasos (En estos años las canonizaciones y beatificaciones de nuestros hermanos y hermanas nos han facilitado los encuentros internacionales). Estudiadas “las líneas esenciales del laicado trinitario” se vio la necesidad de proyectar de nuevo dando a los laicos la iniciativa y la capacidad de decidir. En el primer Consejo de Familia (religiosos, religiosas y laicos) se decide una nueva redacción y una nueva Comisión con mayoría de laicos.  Y el lugar de trabajo será Cerfroid.

El Ministro General escribía así a los reunidos en Cerfroid: “Si es verdad que nuestro Santo Fundador, depositario primero del carisma trinitario-redentor, recibió de manera extraordinaria la primera inspiración del mismo, durante su primera Misa en París, no es cierto que fue ahí, en Cerfroid, donde lo fue descubriendo mejor y donde, desde luego, comenzó a plasmarlo en realidad. Se ve claro que desde el principio lo concibió como un carisma para ser vivido en Familia, en la que los seglares tuvieron siempre un rol decisivo” (23 /10/1988). Preparado el nuevo texto, se difundió en cuatro lenguas y se convocó para un encuentro internacional en Salamanca, ante los restos de S. Juan de Mata.

La exhortación post-sinodal ‘Christifideles Laici’ que lleva la firma del Papa del día 30 de diciembre de 1988 fue un don estupendo para mejorar en visión eclesial el trabajo de los laicos trinitarios. El hecho de que toda la Iglesia tenga una ‘dimensión secular’, no contradice ni suprime, sino que exige e invita a profundizar el sentido peculiar de la ‘índole secular’ (LG 31) propia y específica de los laicos. “El Concilio – decía Don E. Viganò en el Sínodo del 1987- nos ha puesto ante una situación casi invertida de la Iglesia: antes se consideraban situados en la frontera al clero y a los consagrados; ahora, con la visión del Pueblo de Dios  fermento de la humanidad, estamos invitados a tomar nota que en la frontera debe actuar el Laicado”. Dice la proposición 12  del Sínodo del Laicado sobre la importancia de las asociaciones de fieles cristianos: “La dimensión internacional de las Asociaciones fomenta la comunión en la Iglesia universal”. 

“Todos sarmientos de la misma vid”. “Todos trabajadores de la viña”. La comunión de los cristianos con Jesús tiene como modelo, fuente y meta la comunión misma del Hijo con el Padre en el don del Espíritu Santo. De la comunión con Cristo procede la comunión de los cristianos entre ellos (cf. CL 18). La eclesiología de comunión es la idea central y fundamental de los documentos del Vaticano II (cf. CL 19).

Aparece la necesidad de pasar de la colaboración a la corresponsabilidad. “En razón de la común dignidad bautismal, el fiel laico es corresponsable, junto con los ministros ordenados y con los religiosos y religiosas, de la misión de la Iglesia. Pero la común dignidad bautismal asume en el fiel laico una modalidad que lo distingue, sin separarlo, del presbitero, del religioso y de la religiosa. El concilio Vaticano II ha señalado esta modalidad en la índole secular: ‘El carácter secular es propio y peculiar de los laicos’ (LG 32)” (CL 15). 

El Ministro General de la Orden en su mensaje al encuentro de Salamanca (septiembre 1989) señala: “La Orden, en sintonía con toda la Iglesia, está seriamente empeñada en la promoción del laicado. Es esta una exigencia de su vocación y misión y ha sido una constante a lo largo de la historia, desde su fundación. Para San Juan de Mata, nuestro Padre Común, era claro que no es posible el carisma trinitario-redentor en su integridad, sin las asociaciones seglares”. En Salamanca nacerá el texto: “Proyecto de Vida del Laicado Trinitario”. El Ministro General de acuerdo con las Superioras Generales lo aprobará ad experimentum con fecha, 15 de abril de 1990, solemnidad de la Pascua.

Durante estos años, después del Vaticano II, los temas devocionales no han ocupado un lugar de relieve. Los argumentos más tratados han sido aquellos que parten de los orígenes y han perdurado en la historia de la Familia Trinitaria. Así la vuelta a San Juan de Mata como el sujeto de la inspiración y fundador principal (S. Félix de Valois es considerado como co-fundador o principal colaborador); el redescubrimiento del  icono del carisma; la primera regla de 1198; la casa de la Trinidad y de los cautivos; la Familia Trinitaria con especial interés por el Laicado. Trinidad y Redención: clave del carisma. El Proyecto de Vida ha aprovechado, para verbalizar el carisma, los frutos de este camino juntos, en Familia. Las líneas esenciales del Proyecto de Vida quieren ser ‘base común’ conscientes que existen muchos diversos modos de ser laicos trinitarios.

 

2. El ‘Proyecto de Vida del Laicado Trinitario’

 

La Santa Sede con Decreto del 15 de noviembre del 2000, “después de haber examinado atentamente el ‘proyecto de vida del laicado trinitario’, lo aprueba y confirma”. Lleva las firmas del Cardenal Eduardo Martínez Somalo y de Mons. Piergiorgio Silvano Nesti. Es una fecha importante.

En su carta de presentación, el Ministro General de la Orden, P. José Hernández Sánchez, afirma que “la aprobación por parte de la Santa Sede del Proyecto de Vida del Laicado Trinitario es motivo de grande alegría para toda la Familia, pero de forma especial para el Laicado Trinitario en sus diversas formas y expresiones” (3/6/2001).

2.1. Introducción

El texto del Proyecto de Vida del Laicado se abre con nuestro lema: “Gloria a Ti, Trinidad, y a los cautivos libertad”. La introducción comienza con “la Familia Trinitaria es una comunidad eclesial...llevan el nombre de la Trinidad y reconocen como padre común a San Juan de Mata”. Juntos, forman ‘la casa de la Santa Trinidad y de los cautivos’, participan al carisma y a  la misión.

Los laicos son parte de la Familia desde los orígenes y “encarnan el carisma de Juan de Mata en el mundo”. Lo que se propone en este Proyecto de Vida, común para todos, es en fidelidad al pasado y adaptado a las exigencias actuales de la Iglesia y de nuestro tiempo. Aquí se hallan los rasgos característicos del carisma trinitario participado por los laicos; la formación y las líneas esenciales de organización, para ponerlo en práctica.

2.2. Identidad del Laicado Trinitario

Una explícita referencia al Bautismo, como signo de incorporación a Cristo, y a la especial consagración a la Trinidad. El Proyecto de Vida asume el espíritu de la Regla de San Juan de Mata   para seguir a Cristo por el camino del Evangelio, según el don recibido. Los laicos trinitarios manifiestan la dimensión secular del carisma trinitario. Viven en comunión con la Familia Trinitaria, y procuran con todas sus fuerzas la gloria de la Trinidad y la redención de sus hermanos.

2.3. Consagración especial a la Trinidad

“Todos los bautizados participamos de la misma dignidad, formando el Pueblo de Dios, convocado en la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; estamos llamados a la santidad y a la libertad de los hijos de Dios” (PVLT 1). Son estas las categorías puestas de relieve por los documentos del Vaticano II y por la exhortación apostólica ‘Christifideles Laici’. La vocación del laico trinitario posee algunas características propias: a) Peculiar consagración a la Trinidad que le lleva a seguir a Cristo revelador del verdadero nombre de Dios, glorificador del Padre y redentor del hombre; b) La novedad cristiana de ser hijos en el Hijo, un solo cuerpo en Cristo y templos del Espíritu Santo; c) La Trinidad Redentora como fuente, modelo y meta de la vida al servicio de la liberación y de la redención. De esta experiencia, vivida según la propia índole secular, fluye la vida fraterna, espiritual y apostólica del laico trinitario; d) El Espíritu guiando a la integración de la fe y la vida nos descubre que la santidad exige el compromiso solidario, como lugar de encuentro con Cristo.

2.4. Vida fraterna

“La Trinidad es comunión de personas” (PVLT 7). La Regla de San Juan de Mata es escuela de fraternidad en la que el Misterio Trinitario nos compromete a ser testigos de amor, de acogida, de corresponsabilidad y diálogo en el amplio ámbito de la vida.

“La intimidad con Cristo, la escucha de la Palabra de Dios, la celebración de la liturgia, especialmente la Eucaristía favorecen la vida de comunión fraterna” (PVLT 10). “’Yo soy la vid, vosotros los sarmientos’ (Jn 15,5). La comunión de los cristianos entre sí nace de su comunión con Cristo: todos somos sarmientos de la única vid, que es Cristo” (CFL 18).

El Proyecto de Vida, después de señalar diversos medios que promueven la vida fraterna, recuerda una característica propia: “Nuestra vocación específica en la Familia Trinitaria es vivir la dimensión secular del mismo carisma que en pluralidad de formas, con religiosos, religiosas y clérigos, hacemos presente en la Iglesia y en el mundo” (PVLT 13).

2.5. Vida espiritual

El secreto que da sentido a la vida y al compromiso del laico trinitario es la comunión con las Tres Divinas Personas. San Juan de Mata nos guía a la escucha de la Palabra, a la unión con Cristo, sobre todo en la Eucaristía y por la Reconciliación. Con Cristo glorificamos al Padre misericordioso y participamos en la acción redentora.

“Siguiendo la recomendación de Jesús: ‘Hay que orar siempre’ tratamos de hallar momentos de encuentro con Dios a través de la oración.... También el trabajo ofrecido a Dios es oración, medio de santificación personal e instrumento de redención” (PVLT 17). El sacramento del matrimonio y la familia como expresiones de la comunión trinitaria promueven la vida espiritual. El Proyecto de Vida reconoce el Santo Trisagio como oración propia de la Familia Trinitaria e invita a practicarla.

“La bienaventurada Virgen María, Madre del Redentor, es para todos nosotros modelo de fidelidad y compromiso” (PVLT 19). San Juan de Mata y todos los santos y santas de la Familia son modelos de vida. Y de modo especial las Beatas Ana María Taigi e Isabel Canori nos acompañan en el camino.

2.6. Vida apostólica

“Por el Bautismo y la Confirmación todos los cristianos somos esencialmente apóstoles” (PVLT 20). Vivimos la dimensión secular del carisma al servicio de la persona. Comprometidos en la promoción de la libertad, de la justicia, de la solidaridad y de la paz manifestamos la Trinidad, fuente y modelo de unidad en la diversidad. Actuamos en el contexto de la vida cotidiana y con el compromiso en organizaciones. En comunión con otros miembros de la Familia Trinitaria somos solidarios con los marginados y perseguidos y, en general, con todos los desfavorecidos. En el espíritu de la ‘tertia pars’ de la Regla Trinitaria manifiestan la caridad redentora colaborando con las obras de liberación de la Familia Trinitaria. “En el espíritu del Evangelio y de la Regla Trinitaria, según nuestras posibilidades, ofrecemos nuestra persona, nuestro tiempo y nuestros bienes al servicio de los más necesitados” (PVLT 27).

Para hacer más eficiente el apostolado se hace una mención especial de los medios de comunicación social 

2.7. Formación

 Se parte de la constatación que hoy es necesaria una formación integral y específica, sea inicial que permanente y que los primeros responsables de la formación son los mismos laicos. Todos comprometidos en: -desarrollar las dotes humanas; - madurar en la fe; -crecer en la vital unión con Dios Trinidad y con los hermanos; -servirse de la Palabra y la liturgia, los sacramentos y la doctrina social de la Iglesia; - conocer la Familia Trinitaria; preparse para realizar la misión en el servicio de la caridad redentora.

“Nuestras fraternidades se distinguen por  su capacidad de apertura, de acogida y por el espíritu de comunión” (PVLT 33). En los Estatutos particulares precisen lo necesario para progresar en el camino de fidelidad creativa. Los responsables promuevan iniciativas y busquen los medios para que los laicos progresen según el Proyecto de Vida del Laicado Trinitario. Los asistentes espirituales acompañan en el camino formativo-carismático. Es de todos el promover grupos de jóvenes del Laicado Trinitario.

2.8. Organización

“El Laicado Trinitario reúne diferentes asociaciones (Orden Secular, Movimiento Trinitario, Cofradías, etc.). Todas adhieren a este Proyecto de Vida y asumen el espíritu y los contenidos esenciales como signo de identidad en la Iglesia” (PVLT 38). Estas diferentes asociaciones tienden a vivir la comunión, la espiritualidad y la misión propia del carisma, y favorecen las vocaciones para toda la Familia Trinitaria.

Cada una de las asociaciones gozan de una legítima autonomía en la comunión afectiva y efectiva, característica de la ‘Casa de la Trinidad’.

La organización esencial y funcional del Laicado, también en ámbito internacional, aparece con la intención de favorecer el espíritu de comunión en familia y testimoniar la unidad en la pluralidad. Es digno de notar que los laicos son, según el Proyecto de Vida, los responsables de lo concerniente a la espiritualidad, la comunión, el apostolado, la formación, la organización y la administración.

El Laicado Trinitario tiene un Presidente y un Consejo Internacional, con Estatuto propio y Sede Oficial. Cada Asociación y Fraternidad, en conformidad con el Proyecto de Vida del Laicado Trinitario, y para facilitar el progreso en su camino, cuente con Estatutos propios.

3.      Vida del Laico Trinitario: hacer tesoro de los signos luminosos

El nuevo Proyecto de Vida del Laicado, es la más reciente verbalización de la comprensión del propio carisma en el contexto de la Familia Trinitaria. Señala las fuentes, los signos luz propios. Emergen de modo particular algunos de ellos: Juan de Mata y su encuentro con Cristo Redentor, el ‘signo’ del carisma, la Regla de 1198, la Familia Trinitaria (hermanos/as y casa de la Trinidad) y los frutos hasta hoy. Estas luces nos permiten ver ‘aquí y ahora’ y proyectar nuestras vidas como lo hizo Juan de Mata ante los nuevos retos.

3.1. ¿ Quién eres tú, Juan de Mata?

El Proyecto de Vida del Laicado Trinitario cita en diversas ocasiones a San Juan de Mata y lo sitúa como referencia imprescindible. Laicos trinitarios y trinitarias, hijos e hijas de San Juan de Mata, reconocen y viven  el carisma trinitario-redentor como don del Espíritu a la Iglesia y al mundo (cf. PVLT 2000, Introducción). “Los Fundadores supieron encarnar en su tiempo con valentía y santidad el mensaje evangélico” (Juan Pablo II, USG, 1993, 8). Los carismas se concretizan en personas e instituciones y son escuelas de seguimiento de Cristo. El Señor prepara a los que elige. La inspiración del carisma trinitario-redentor lleva consigo una pregunta esclarecedora: ¿Quién eres tú, Juan de Mata?.

Una intensa inquietud religiosa guía su espíritu desde muy joven. Caracteriza su  vida una incesante búsqueda de la voluntad de Dios (Hoc fuit initium s. XIII). La Trinidad y el clamor de los cautivos debieron quedar, desde entonces, marcados en su experiencia vital.

A lo largo de su formación en París vivió Juan de Mata un intenso clima trinitario, tanto en la escuela de Notre-Dame como en la de San Victor. Era el tema teológico del momento. La reflexión sobre el Dios cristiano, trinitario, se imponía por imperativo del contraste con el monoteísmo judío e islámico y los brotes heréticos en el seno de la cristiandad. Se abría con fuerza camino la Trinidad como sujeto de la historia salvífica. El Dios cristiano apasionado por la vida de los hombres. La Trinidad pasa así al centro de su experiencia espiritual estrechamente ligada a su constante preocupación por el drama humano del momento: las víctimas de las cruzadas -los cautivos- y las víctimas de la nueva cultura emergente -pobres y peregrinos.

Desde la mitad del siglo XII se buscan nuevas formas de vivir el Evangelio que respondan a los retos de las grandes transformaciones sociales y culturales de la época. La ciudad naciente exigía nuevos modos de vida cristiana y religiosa. El modelo socio-cultural del feudalismo entraba en crisis. Una ráfaga de aire fresco, de autenticidad evangélica, recorre el horizonte y toma cuerpo en multitud de intentos y ensayos, de movimientos espirituales y religiosos. Se percibe la acción del Espíritu.

Podemos poner en boca de San Juan de Mata lo que San Pablo escribe a los Filipenses: “Seguid mi ejemplo y fijaos en los que andan según el ejemplo que tenéis en mi. Y lo que aprendisteis, recibisteis, oísteis y visteis en mi, ponedlo por obra. Y el Dios de la paz estará con vosotros” (Flp 3,17).

Inocencio III le dirigió diez bulas, en las que le llama Hermano Juan, Ministro, y en las que acoge bajo su protección a los hermanos, sus casas, a los laicos asociados, sus propiedades, y los anima a ser fieles al proyecto original. El Papa le hace donación de un hospital en Roma, junto a la Basílica de San Juan de Letrán. "Roberto Gaguin, en su breve relación histórica sobre los orígenes de la Orden Trinitaria, nos informa sucintamente sobre la vida de nuestro Santo en Roma: Establecidas las reglas de vida y las ceremonias que debían observarse en la Orden y dejado S. Félix en Cerfroid, Juan partió para Roma junto a Inocencio III y allí vivió en el monte Celio... El fue el primer Ministro Mayor de la Orden, hombre virtuosísimo y activísimo más de lo que se pueda decir...Con solicitud enviaba hermanos para asistir a los soldados de las expediciones cruzadas, para que cuidaran de los heridos y rescataran a los presos" (Borrell Miguel, Reformatorium Fratrum OSST Red. Capt. Aragonicae Provinciae, Barcinone 1563, 7).

Inocencio III aprueba, protege y divulga; lanza la iniciativa a escala internacional, a toda la Cristiandad. Los Trinitarios son un grupo religioso, no militar, no al servicio de los poderosos, nacido para una obra social misericordiosa en el campo de la redención de cautivos cristianos. Es un grupo completamente desarmado, para una liberación integral y gratuita (cf Cipollone Giulio, Cristianità-Islam Cattività e Liberazione in Nome di Dio, Roma 19962, 393). El Papa instaura, a través de este grupo espontáneo, una relación humanitaria con el Islam. Una relación oficial y permanente. Se trata de una alternativa desarmada y humanitaria (cf Cipollone Giulio, Cristianità-Islam Cattività e Liberazione in Nome di Dio, Roma 19962, 402). “Juan de Mata prefirió inter arma caritas, es el gran signo subrayado en la Regla Trinitaria de 1198” (Gross J.J., Inter arma caritas: The early Trinitarian story, Michigan University 1998).

El P. Prat nos describe los últimos tiempos de la vida de San Juan de Mata: “La austeridad de la penitencia, el ejercicio del ministerio apostólico, los numerosos viajes hechos para la propagación de la Orden y para el rescate, habían poco a poco minado su fibra robusta. Sus fuerzas mermadas no respondían más al ardor de su celo y de su caridad” (J. M. Prat, Histoire de S. Jean de Matha et de S. Felix de Valois, París 1846, 174).

"Las enormes exigencias del rescate y de la asistencia a los hospitales han impedido a la Orden trinitaria erigir a su propio Fundador majestuosos templos de mármol y cantar sus gestas en grandes volúmenes, pero más elocuente que los pergaminos y los libros, y más resplandeciente que los mármoles pulimentados y que las piedras preciosas es la corona de centenares de miles de esclavos devueltos a la libertad, de pobres y enfermos asistidos, de peregrinos hospedados, de apóstatas llamados de nuevo a la fe, de infieles convertidos, que sus hijos e hijas espirituales, han sabido tejerle, para gloria de la Santísima Trinidad" (Angelo Romano, San Giovanni De Matha, Vicenza 1961, p.301).

Su estatua fue colocada en la columnata de Bernini de la Plaza de San Pedro con la motivación que consta en los archivos Vaticanos: "San Juan de Mata: testimonio eximio que la fe se vive con obras de caridad". Después de la revolución francesa se le reconoció el título de gran bienhechor de la humanidad y lo pusieron en el Panteón de París con los prohombres de la humanidad. En Salamanca sus restos reposan en un moderno templo.

3.2. Juan, ‘queremos ver a Jesús’ (Jn 12,21)

“A ejemplo de San Juan de Mata, encontramos en la Palabra de Dios el alimento de nuestra vida espiritual. Nos unimos a Cristo...” (PVLT 2000, 16). Hemos fijado los ojos de nuestro corazón en Jesús, hemos contemplado su rostro y nos hemos sentido llamados a confesar, con renovado entusiasmo nuestra fe: ‘Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo’ (Mt 16,16). Tú eres el Verbo Eterno del Padre que en la plenitud de los tiempos se ha hecho hombre como nosotros y por nosotros (cf. Jn 1,14) de la Virgen María (cf. Gal 4,4); eres el Esposo que ama y se dona a su Iglesia (cf. Ef 5,25); tú eres el Hijo revelador del rostro del Padre (cf. Jn 1,18), el Redentor del hombre, el único Salvador del mundo (cf. Juan Pablo II, Al Sínodo de los Obispos de Europa, 23/10/1999, 2).

“Si a los jóvenes se les presenta a Cristo con su verdadero rostro, ellos lo experimentan como una respuesta convincente y son capaces de acoger el mensaje, incluso si es exigente y marcado por la Cruz” (NMI, 2001, 9). “ ‘He aquí que estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo’ (Mt 28,20). Esta certeza ha acompañado a la Iglesia... De ella debemos sacar un renovado impulso en la vida cristiana... No será una fórmula la que nos salve, pero sí una Persona y la certeza que ella nos infunde: ¡Yo estoy con vosotros!” (NMI, 2001, 29). “El programa...es el de siempre... se centra en Cristo mismo, al que hay que conocer, amar e imitar, para vivir en él la vida trinitaria y transformar con él la historia hasta su perfeccionamiento en la Jerusalén celeste. Es un programa que no cambia al variar los tiempos y las culturas, aunque tiene cuenta del tiempo y de la cultura para un verdadero diálogo y una comunicación eficaz” (NMI, 2001, 29).

S. Juan de Mata hacía caminos de redención al encuentro con Cristo: "Todo lo que habéis hecho por el más pequeño de mis hermanos por mi lo hicisteis" (Mt 25,40). Le urgía en su corazón la caridad de Cristo y apreciaba sobremanera el tesoro de la fe. Cada una de las redenciones se convertía en una estupenda oportunidad para celebrar y testimoniar la fe. Por eso al paso por pueblos y ciudades la comitiva de los cautivos rescatados organizaba procesiones y actos en los que los mismos cautivos liberados daban su propio testimonio de haber sufrido por Cristo. Estos testimonios despertaban la fe y el compromiso  cristiano.

“Un nuevo milenio se abre ante la Iglesia como un océano inmenso en el cual hay que aventurarse, contando con la ayuda de Cristo. El Hijo de Dios que se encarnó hace dos mil años por amor al hombre, realiza también hoy su obra...El Cristo contemplado y amado ahora nos invita una vez más a ponernos en camino... a tener el mismo entusiasmo de los cristianos de los primeros tiempos. Para ello podemos contar con la fuerza del mismo Espíritu, que fue enviado en Pentecostés y que nos empuja hoy a partir animados por la esperanza ‘que no defrauda’ (Rom 5,5)” (NMI, 2001, 58).

Una antigua expresión de nuestro carisma dice así: "No hay cosa más propia nuestra que el ministerio glorioso de la Redención, por lo cual debe poner mucho cuidado el Maestro en criar a los hermanos con este afecto santo a la Redención de cautivos, con que la Santísima Trinidad honró a nuestros religiosos y hermoseó nuestra sagrada Religión, por lo cual establecerá en todos unas ansias grandes de dar la vida por el rescate de sus hermanos cautivos: por hacerse más semejantes a Cristo Señor nuestro, que dio la suya por nosotros como único y verdadero Redentor y ejemplo de redentores" ( RGIS, 1994, 78).

"El rescate propositum de la Orden Trinitaria, no era sólo una prestación material sino un signo de caridad, de actividad evangélica. El ideal, no obstante, se presentaba erizado de dificultades, pues exigía el lanzarse a osadas aventuras, surcando los mares en constante peligro, abordando campos y situaciones de guerra, tropezando con incomprensiones y suspicacias, expuestos a malos tratos, persecuciones y hasta a la misma muerte... Todo lo cual suponía redentores de temple heroico. La caridad, profesada según la RT, era la que les impulsaba a dedicarse a la obra del rescate" (Borrego Juan, El espíritu de los hermanos trinitarios según la Regla de la Orden de la Santísima Trinidad, en El Trinitario Hoy, Roma 1973-1974,  vol. I, 18).

A partir de la Regla Trinitaria existe un alto ideal en el cual se han forjado los trinitarios de todos los tiempos: ansias de dar la vida como Cristo Redentor. Hay una punta de heroicidad perenne, un alto ideal que no puede perder mordiente. Esta es la garra evangélica propia del código genético del carisma trinitario. Este es uno de los signos que nos llega desde los orígenes de la Orden, una corriente jamás interrumpida hasta hoy.

Juan de Mata nos acompaña para acercarnos a Cristo, para reconocerlo, amarlo y testimoniarlo. La vocación de Juan fue ‘ser epifanía de Cristo Redentor’ y esta es hoy nuestra misma llamada. En la Regla de 1198 aparece la ‘Epifanía’ como solemnidad (cf. RT 13).

“La caridad redentora que es el alma de la actividad del trinitario no florece en los terrenos infértiles de la ociosidad. Quien quiera presentarse como redentor, deberá ofrendar la substancia de su ser, su sangre, su trabajo para ayudar y liberar al cautivo... Difícilmente podemos ser fieles a nuestro espíritu original y a nuestro carisma, sin observar perennemente su espíritu (de la tertia pars). Como dice el P. Juan de San Atanasio: Pretium dandum pro captivo redimendo taxatur, statuendo tertiae partis bonorum propriorum separationem; ut sicut Christus redemptionem perfecit effusionem sanguinis non alterius hominis, sed Suiipsius, ita redemptio exercenda sit in nostro Ordine ex propria substantia (Expositio Moralis in Regulam Primitivam, Madrid 1697, vol.I, 19)” (Vizcargüénaga Ignacio, Espiritualidad y testimonio del Instituto de S. Juan de Mata, en 23 Institutos Religiosos, hoy, en EPESA, Madrid 1975, 173).

El Espíritu del Señor está sobre mí,... me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos... para dar libertad a los oprimidos (Lc 4,18). Vosotros ¿para qué habéis nacido? Habéis nacido para la liberación de las personas, de las clases, de los ambientes que no gozaban libertad (Pablo VI, 9/I/1974). Vuestra Orden ha hecho de la liberación de los oprimidos y del amor a los pobres un rasgo característico de su misión en la Iglesia y en el mundo (Juan Pablo II, 7/6/1998, 2).

3.3.El icono propio de la Familia Trinitaria

“Fieles a las exigencias de nuestro carisma y en comunión con los demás miembros de la Familia Trinitaria, somos solidarios con los que son despojados de su dignidad y privados de sus derechos fundamentales, en particular con los marginados y perseguidos a causa de su fe y de su compromiso evangélico” (PVLT 2000, 22).

San Juan de Mata recibió durante su Primera Misa la inspiración que le llevó a la fundación de la Orden Trinitaria: Cuando llegó el canon de la Misa, pidió a Dios que, si así era su voluntad, le manifestara la religión que debía abrazar para su salvación. Y al levantar los ojos al cielo, vio la Majestad de Dios y a Dios que sostenía con sus manos a dos hombres encadenados por los tobillos, uno de los cuales era negro, y el otro blanco (cf. Narración Anónima del s. XIII, Biblioteca Nacional de París). Este fue el inicio del que se sirvió la Trinidad Santa para abrirse camino entre los cautivos de un modo nuevo. La Orden Trinitaria nace así en la Eucaristía.

He escuchado el clamor de mi pueblo (Ex 3,7). En la experiencia fundante de la vocación trinitaria está el Dios redentor-liberador que se ha mostrado en el éxodo sensible a los sufrimientos de su pueblo, que ha escuchado el clamor de los cautivos y ha bajado a liberarlos, a sacarlos de su esclavitud (cf Ex 3,7-9) y ofrecerles su alianza y comunión en la libertad (cf Ex 6,4-8).

La primera Misa de San Juan de Mata nos señala, de modo particular, la Eucaristía, como lugar de encuentro y de envío: “A ejemplo de San Juan de Mata... nos unimos a Cristo presente en la Eucaristía, donde se realiza la glorificación de la Trinidad y la redención de los hombres” (PVLT 16). Los trinitarios y trinitarias hemos nacido en la Eucaristía. Somos portadores de este gran misterio de Amor.

Lo que le golpea el espíritu y la sensibilidad de Juan de Mata es la situación humana de las víctimas, de los hermanos sumidos en la noche de la cautividad. Su única armadura es la misericordia y su intención, la de devolver la esperanza a los hermanos que yacen bajo el yugo de la cautividad. A Juan de Mata le preocupan, sobre todo, los cautivos más pobres e indefensos, aquellos que no pueden autorrescatarse, que están condenados, sin esperanza, a las cadenas de la cautividad, a perder su fe y su dignidad. Rescatar, devolver a la libertad a estos hermanos más débiles: esa es su misión.

“En la plegaria se desarrolla ese diálogo con Cristo que nos convierte en sus íntimos: ‘Permaneced en mi y yo en vosotros’ (Jn 15,4). Esta reciprocidad es el fundamento mismo, el alma de la vida cristiana. Realizada en nosotros por el Espíritu Santo, nos abre por Cristo y en Cristo, a la contemplación del rostro del Padre. Aprender esta lógica trinitaria de la oración cristiana, viviéndola ante todo en la liturgia... es el secreto de un cristianismo realmente vital, que no tiene motivos para temer el futuro, porque vuelve íntimamente a las fuentes y se regenera en ellas” (NMI, 2001, 32).  “¿No es acaso un ‘signo de los tiempos’ el que hoy, a pesar de los vastos procesos de secularización, se detecte una difusa exigencia de espiritualidad... una renovada necesidad de orar?... Nosotros tenemos la gracia de creer en Cristo, revelador del Padre y salvador del mundo” (NMI, 2001, 33).

En Cristo Redentor se le revela Dios Trinidad apasionado por el hombre y, en particular, por el esclavo, oprimido y empobrecido.  A partir de aquel momento desciende de su cátedra, deja todo, se va al desierto y entrega su vida por los caminos de la redención de cautivos: convoca hermanos, hace surgir a su paso casas, hospitales e iglesias de la Trinidad. Su pasión desde los primeros momentos es la sed de Dios entre cautivos y pobres. “Son cosas que se perciben en la substancia del alma enamorada” –exclama San Miguel de los Santos comentando los pasos del camino espiritual de quien busca sólo a Dios (Tranquilidad del alma, Roma 1915, 57).

Lo deja todo y se retira a la soledad, a Cerfroid. La tradición dice que allí le llevó el Espíritu. En aquella región, también, ex-cruzados y ex-cautivos se retiraban a vida eremítica. Entra en comunión con un grupo de ermitaños entre los cuales Félix será su más estrecho colaborador y considerado por una inmemorial tradición como cofundador. Aquellos ermitaños conquistados por el ideal de Juan entregan se et sua, sus personas y sus bienes, a la causa de los cautivos. Así nació la primera Domus Trinitatis en 1194.

El signo indicador de la inspiración fundacional ha sido siempre utilizado hasta nuestros días como sello propio de los ministros generales de la Orden. Su más antigua representación la hallamos en un acta notarial firmada por el obispo de Marsella y San Juan de Mata en 1203. Hoy la Familia Trinitaria, los religiosos, las monjas, los Institutos femeninos y las Asociaciones laicales trinitarias, se reconocen en este signo iconográfico de la inspiración de San Juan de Mata.

Es significativo que el mismo Fundador hiciera poner en la fachada del hospital de Santo Tomás in Formis de Roma un mosaico que representa la escena de la inspiración en su Primera Misa en París. Es un mosaico circular que alrededor tiene un escrito que dice: Signum Ordinis Sancte Trinitatis et Captivorum. En el interior del círculo en forma icónica se representa al Cristo Señor Pantocrátor sentado que tiene con su mano derecha a un cautivo cristiano que está de pie y con su izquierda a un cautivo pagano que también está de pie. El cautivo cristiano alza con su mano izquierda un asta con la cruz trinitaria en lo alto, su mano derecha tenida por el Redentor aparece con gesto de docilidad, y las cadenas que lleva a los tobillos llegan al Trono de Cristo. El cautivo no cristiano lleva cadenas a los tobillos y su atadura es tenida por su mano izquierda, mientras que su mano derecha, con gesto que indica resistencia, es tenida por la mano del Redentor. Dios da la mano a todos, quiere la salvación de todos sin discriminación (cf. Cipollone G., Il Mosaico di S. Tommaso in Formis a Roma, Roma 1984).

Este icono, propio de la Orden de la Santísima Trinidad, sigue los cánones del Concilio Niceno II, que afirman: "La Encarnación del Verbo de Dios realizada en la historia se muestra en imagen en la representación pictórica de la Persona Divina Encarnada. En el icono, por tanto,  la Iglesia contempla el Rostro de Cristo Señor Pantocrátor, que en el misterio salvífico de su pasión y de su resurrección nos presenta el Rostro único de la indivisible y consubstancial Trinidad. Dios en Tres Personas" (Conc. Niceno II, a. 787).

El Redentor personifica la misericordia divina (cf Lc 4,18-19; 7,19-20). Viendo al Cristo del Evangelio ve la misericordia del Padre. Descubre en los cautivos rostros desfigurados de Cristo: Lo que habéis hecho al más pequeño de mis hermanos a mi lo hicisteis (Mt 25,40). También la cruz trinitaria desde hace ocho siglos es signo de la redención: Os han comprado pagando un precio (1Cor 6,20). Los colores rojo y azul nos recuerdan la sangre y el agua brotados del corazón traspasado de Cristo: sangre y agua -dirá también San Buenaventura- el precio de nuestra redención. El blanco del hábito con los colores de la cruz son tradicionalmente signo de la Trinidad. El signum del icono nos presenta el modo trinitario de construir el Reino de Dios.

San Juan de Mata fue siempre un peregrino de la voluntad divina. "Muéstrame tu Rostro", es el grito que recorre toda la historia de la salvación. Cristo es el auténtico Rostro de Dios. En el Redentor San Juan de Mata reconoce al Padre en el mismo Espíritu de Amor. El Redentor personifica la misericordia divina (cf. Lc 4,18-19; 7, 19-20). Viendo al Cristo del Evangelio ve la misericordia del Padre. Descubre rostros desfigurados de Dios, rostros rotos de Cristo en los esclavos, oprimidos y pobres.

“Descubrir en los rostros sufrientes de los pobres el rostro del Señor (cf. Mt 25,31-46) es algo que desafía a todos los cristianos a una profunda conversión personal y eclesial. En la fe encontramos los rostros desfigurados por el hambre, consecuencia de la inflacción, de la deuda externa y de las injusticias sociales; los rostros desilusionados por los políticos, que prometen pero no cumplen; los rostros humillados a causa de su propia cultura, que no es respetada y es incluso despreciada; los rostros aterrorizados por la violencia diaria e indiscriminada; los rostros angustiados de los menores abanfonados que caminan por nuestras calles y duermen bajo nuestros puentes; los rostros sufridos de las mujeres humilladas y postergadas; los rostros cansados de los migrantes, que no encuentran digna acogida; los rostros envejecidos por el tiempo y el trabajo de los que no tienen el mínimo para sobrevivir dignamente” (Santo Domingo, IV Conferencia, 1992, 178). “Dios Padre ve un hijo en todo hombre que sufre y nos pide hacer algo” (Ideario, Aumonerie de Taná, 1993).

La misión de romper las cadenas de los hermanos cautivos desde las aguas profundas del Dios Amor (cf. San Simón de Rojas, La oración y sus grandezas, Madrid 1983, cap. 12) le ha robado el corazón. San Juan de Mata sigue un camino que le lleva a visitar, asistir, rescatar a Cristo que sufre y gime en cadenas en cada uno de los cautivos. Es auténtico contemplativo en la acción.

El apostolado de las redenciones era común para toda la Orden y todas las "Casas de la Trinidad" colaboraban con la ayuda de las asociaciones laicales, de los Obispos y de las autoridades civiles. Era una red muy bien articulada en la que participaban muchas personas. Hoy en ‘fidelidad creativa’ proyectar y programar juntos (laicos, religiosas y religiosos), para ser todos corresponsables en la acción.

3.4.La Regla Trinitaria

“Guiados por la Regla de San Juan de Mata, asumida en el Proyecto de Vida del Laicado Trinitario, siguen a Cristo por los caminos del Evangelio según el don recibido, tienden a la perfección de la caridad, y manifiestan en la Iglesia y en el mundo la dimensión secular del carisma trinitario” (PVLT 2000, Identidad).  El 17 de diciembre de 1198 aprobaba públicamente la Regla de vida de la Orden de la Santísima Trinidad y de los Cautivos. En su bula Operante Divine Dispositionis motivaba su aprobación: "Debemos favorecer los sentimientos religiosos y llevarlos a efecto cuando proceden de la raíz de la caridad"; "es evidente que vosotros buscáis más el bien de Cristo que el vuestro". La Regla de San Juan de Mata, toda ella fundamentada en la Sagrada Escritura y así reconocida por la Iglesia, es lugar de encuentro para todos los miembros de la Familia Trinitaria.

“La primera Orden que especifica su nombre con un determinado misterio es la de la Santísma Trinidad. Esto no es casual... no solamente su denominación, sino también su Regla y su actividad resultan intensamente impregnadas de espiritualidad trinitaria” (Germán Llona, Fundador y Redentor: Juan de Mata, Salamanca 1994, 143)

La Regla Trinitaria está toda ella orientada hacia la Trinidad y las obras de misericordia, en especial la redención de esclavos. Una buena parte de su texto está dedicada a los hermanos en comunidad, llamados a vivir el don del Espíritu recibido, como testigos del Dios Amor. La palabra "hermano" es la más repetida en la Regla. Sencillez de vida, igualdad entre los hermanos, comunión, oración, alegría, pobreza compartida, amor al trabajo, escrupulosa división de los bienes en tres partes, espíritu de caridad y de servicio, son notas características de las llamadas "casas de la Trinidad". A quien preside a los hermanos se le llama "ministro" como sinónimo de "servidor" y hace referencia a Cristo que está en medio como el que sirve. De la Trinidad brota, no una estructura de poder, sino una fraternidad de servicio 

La Regla trinitaria encierra un proyecto profético encabezado por el título “En el nombre de la Santa e Individua Trinidad”; un proyecto al servicio de la misericordia y de la redención en nombre y a gloria de la Santísima Trinidad. Es un proyecto evangélico, expresado en lenguaje sencillo y funcional, según las exigencias canónicas del tiempo. Todos los Institutos y Asociaciones que forman la Familia Trinitaria se reconocen hoy en el espíritu de dicha Regla.

Los tres primeros capítulos de la Regla trinitaria presentan las características emblemáticas del proyecto de San Juan de Mata. El resto del texto, también rico de signos y símbolos de la Trinidad, explica con más detalle el carisma y sus consecuencias prácticas y cotidianas. Este primer tríptico que abre la Regla trinitaria está lleno de la luz del misterio de Dios Trinidad. Un Dios cercano que se ocupa del oprimido, del enfermo y del pobre con infinito amor.

En su primer capítulo nos presenta a los trinitarios en el seguimiento de Cristo como testigos del misterio de la vida divina: "Los hermanos de la casa de la Santa Trinidad vivan en castidad y sin cosa propia, bajo la obediencia del Ministro" (RT 1). En esta escuela de seguimiento se forjan los enviados. La casa es para los hermanos escuela de caridad y cenáculo donde el Espíritu se comunica. Los tres consejos evangélicos son signo de la Trinidad que alberga en el corazón del trinitario. De la Trinidad brota la fraternidad, la comunión de los hermanos en el seguimiento de Jesús.

“Juntos forman la ‘casa de la Santa Trinidad y de los cautivos’ participan al carisma trinitario-redentor y ejercen la misión de glorificación a la Trinidad y de liberación de los ‘cautivos’ de nuestro tiempo” (PVLT 2000,  Introducción). Cada una de las asociaciones gozan de una legítima autonomía en la comunión afectiva y efectiva, característica de la ‘Casa de la Trinidad’ (cf. PVLT 2000, 39).

La misión propia y sus exigencias vienen señaladas en el segundo capítulo: "Todos los bienes los dividan en tres partes iguales. Con dos partes se lleven a cabo obras de misericordia, junto con un moderado sustento de sí mismos y de quienes colaboran con ellos. En cambio, la tercera parte se reserve para la redención de los que a causa de su fe en Cristo han sido encarcelados, los cautivos" (RT 2). Jesucristo es el único Redentor. Los hermanos trinitarios le siguen urgidos por la caridad redentora, "con ansias de dar su vida por los hermanos como Cristo" -según reza el texto antiguo de nuestra tradición formativa. La división de bienes en tres partes es, también, signo de la Trinidad a la cual todo pertenece en esta Orden: los hermanos, las casas, los hospitales, las Iglesias, los bienes. De modo especial, los bienes para el rescate son sagrados.

El tercer capítulo hace referencia a la finalidad última de la vida y de la misión, la gloria de Dios Trinidad: "Todas las Iglesias de esta Orden lleven el título de la Santa Trinidad" (RT 3). La Palabra, la acción litúrgica y sacramental proclaman y celebran la Trinidad. El templo hace referencia a la finalidad última de la vida y misión del trinitario: la gloria de la Santa Trinidad (cf Aurrecoechea José Luis, Base Escriturística del Carisma Trinitario, en El Noviciado Camino en el Espíritu Trinitario, Salamanca 1988, 110).

Anunciar, liberar, celebrar: las tres exigencias que aparecen en estos tres primeros capítulos de la Regla. La Asamblea Intertrinitaria de París (1993) con ocasión del VIII centenario de la inspiración centró su atención en anunciar, liberar, celebrar. Hermanos, esclavos y pobres, la Trinidad: los tres inseparables.

Y parte integrante de la Familia Trinitaria son los destinatarios del don del Espíritu que recibimos, los pobres, los oprimidos, los nuevos cautivos: “¡Oh Santo Dios mío! – escribe el Santo Reformador comentando la Regla- Ámete yo mucho y quiera mucho a tus pobres...porque sea trinidad: Dios, el pobre... y yo...tres personas; haciéndonos Tú una misma cosa, seamos uno con una unidad y unión perfecta” (Obras, VI, 58). En esta perspectiva ‘sin los cautivos y los pobres no es posible la Familia Trinitaria’. La Domus Sanctae Trinitatis et captivorum: Dios Trinidad, los cautivos y pobres, y nosotros. ¡Qué estupenda experiencia de Evangelio!

Hacía sólo pocos meses que el Papa había aprobado la Regla Trinitaria. En 1199 Juan de Mata es recibido por el rey de Marruecos, Miramamolín; lleva una carta de Inocencio III, fechada el 8 de marzo del mismo año, en la que le comunica que "una de las principales obras de misericordia que Cristo nuestro Señor encomienda a sus fieles en el Evangelio es el rescate de cautivos. Sentimos por ello el deber de favorecer con nuestra potestad apostólica a quienes se ocupan en tales cosas. Inflamados por el amor divino, los portadores de la presente han dado vida a una nueva Orden religiosa, dotada de regla propia, en la que se determina que la tercera parte de todos sus ingresos, ya actuales, ya futuros, debe ser empleada en la redención de cautivos. Con el fin de facilitar dicha misión, se permite recurrir, en los casos que juzguen oportunos, al canje de cautivos paganos por cristianos".

3.5.  Hermanos y hermanas en camino: la Familia Trinitaria

“La Regla de nuestro Padre San Juan de Mata es para nosotros escuela de fraternidad y nos compromete a vivir, a la luz del Misterio Trinitario, a servicio de los pobres y esclavos de nuestro tiempo” (PVLT 2000, 8). Entre las familias espirituales, que en el transcurso de los siglos han surgido en la Iglesia como don de el Espíritu, se cuenta la Familia Trinitaria que en el seguimiento de Cristo por el ministerio de la caridad redentora se consagra a la gloria de Dios, Uno y Trino. Son los hermanos y hermanas de la “Casa de la Santa Trinidad y de los cautivos”. “La grande Familia Trinitaria –decía Juan Pablo II en 1988-hace vivo y actual el carisma trinitario hoy”.

El proyecto evangélico de San Juan de Mata ha dado origen a la Familia Trinitaria en la cual actualmente se reconocen los religiosos de la Orden, las Monjas Trinitarias, los Institutos femeninos de Hermanas Trinitarias de Valence, Sevilla, Roma, Mallorca, Madrid, Valencia, el Instituto Secular de Oblatas de la Santísima Trinidad, el Instituto de Ermitañas Trinitarias, la Orden Secular, las Cofradías, y las diversas Asociaciones propias del Laicado Trinitario.

Uno de los frutos de la renovación postconciliar ha sido el descubrimiento del carisma trinitario-redentor en sus diversas expresiones. La Familia Trinitaria, como signo de la Trinidad, que es comunión de personas, da su propio testimonio en un mundo que sufre división, pobreza y opresión. “El don de la comunión eclesial es reflejo en el tiempo de la eterna e inefable comunión del amor de Dios Una y Trino. La vida de comunión es signo para el mundo y fuerza atractiva que lleva a creer en Cristo” (CL 31).

Trinitarios y Trinitarias, nos sentimos llamados a hacer nuestra hoy la experiencia de S. Juan de Mata, su pasión por Dios Trinidad, por Dios Caridad que nos revela su amor por el hombre, nos revela la grandeza del misterio del hombre, el tesoro de la fe, y nos lleva al compromiso. Aquel Espíritu que transformó el corazón de nuestros santos es el mismo que actúa en nosotros, y nos lleva con Cristo, por caminos de santidad, a dar la vida, compartiendo la suerte y la causa de los esclavos y de los pobres a gloria de la Trinidad.

En este momento histórico que nos toca vivir  tenemos la oportunidad de estar abiertos a nuevos métodos y expresiones, acentuando el ardor, el entusiasmo, la fidelidad y la creatividad. Los intereses de Cristo desde la raíz de la caridad, desde la Trinidad (cf. Inocencio III, Bula ‘Operante divine dispositionis’, 17/12/1198), iluminan nuestro camino en perenne novedad de vida.

El Papa Pablo VI, canonizando en 1975 a Juan Bautista de la Concepción, reformador de la Orden, decía: "El Santo nos ha dejado una perenne lección: ¡no hay auténtica reforma eclesial sin la renovación interior, sin obediencia, sin cruz. Sólo la santidad produce frutos de renovación!". El Santo Reformador quiso con su obra volver la Orden al espíritu del principio. Este es el objetivo prioritario del actual proceso de renovación.

Celebrando el VIII Centenario de la aprobación pontificia de la Regla y de cara al Tercer Milenio, la Familia Trinitaria se ha sentido llamada a ser testigo de la vida divina, del Dios Amor. Los momentos que ahora vivimos son una ocasión especial para invocar sobre nuestra Familia Trinitaria un nuevo Pentecostés. "Los santos y santas -afirma el mensaje del Sínodo de 1985- han sido siempre fuente y origen de renovación en las circunstancias difíciles en toda la historia de la Iglesia". Ante los desafíos de esclavitudes antiguas y nuevas, la Familia Trinitaria tiene necesidad de santos.

Juan Pablo II en su mensaje a los Trinitarios en junio del 2001 nos invita a “vivir lo que somos”, reconoce la extraordinaria actualidad del carisma en un mundo “marcado por tensiones y desafíos dramáticos” (n. 1). “Vuestra larga historia está jalonada por numerosos ejemplos de santidad... Vuestra espiritualidad os sitúa en el centro mismo del mensaje cristiano: el amor de Dios Padre que abraza a todos los hombres, en el don permanente del Espíritu Santo... Vivid con pasión lo que sois, abriéndoos con confianza al futuro. En una época marcada por una preocupante ‘cultura del vacío’ y por existencias ‘sin sentido’, estáis llamados a anunciar sin componendas al Dios trino, al Dios que escucha el grito de los oprimidos y afligidos. Ojalá que en el centro y en la raíz de vuestro compromiso apostólico esté siempre la Santísima Trinidad” (n. 2).

“Vivir lo que sois os lleva a reafirmar la fidelidad al patrimonio espiritual de vuestro Fundador, San Juan de Mata...estáis llamados a proseguir su misión, válida hoy, como entonces, porque tiende a anunciar y testimoniar a Cristo, muerto y resucitado por la salvación de todos los hombres... Sólo si sois santos prestaréis el servicio que la Iglesia y el Papa esperan de vosotros” (n. 3). “Se abren ante vosotros perspectivas fecundas, aunque no falten las dificultades y los obstáculos. Tened confianza en el Señor y no dudéis en aceptar los desafíos del momento histórico que estamos viviendo... Os invito a abrazar en la caridad a todos los hombres, sin distinción, y a buscar audazmente, con libertad profética y sabio discernimiento, caminos nuevos” (n. 4). “¡Cuántas situaciones de injusticia y de malestar moral y material se producen en muchas partes del mundo! Es urgente la misión e indispensable la aportación de cada uno. Esa aportación requiere el apoyo de una oración incesante y fervorosa” (n. 4) (Juan Pablo II, Mensaje a los Trinitarios, 15/6/2001).

Desde la Primera Asamblea Intertrinitaria en Madrid (1986) se han ido multiplicando las iniciativas en Familia en cada uno de los países donde estamos presentes.. La Asamblea Intertrinitaria de Bogotá en 1992, con ocasión del Vº Centenario de la Evangelización, dio nuevo entusiasmo a la misión trinitaria-redentora. La Asamblea Intertrinitaria de París en 1993, coincidiendo con el VIIIº centenario de la inspiración fundacional de San Juan de Mata, fue un momento propicio para renovar nuestro compromiso en favor de la nueva Evangelización y en el ámbito de la misión ad Gentes. Y en la Asamblea Intertrinitaria de 1999 en Ariccia (Roma) la pregunta programática de cara al nuevo milenio: “Familia Trinitaria...¿escuchas tú el grito de los esclavos?”. La respuesta en comunión (laicos, religiosos, religiosas): “A ejemplo de Juan de Mata y de sus primeros compañeros de Cerfroid, hace ocho siglos y de otros muchos hermanos y hermanas a través de la historia, que se han entregado en cuerpo y alma a la causa de la liberación de los cautivos, nos pertenece a nosotros, hoy, romper las cadenas de nuestros hermanos” (III Asamblea Intertrinitaria, Ariccia 1999, conclusión). “La orden Secular Trinitaria, además de las varias Cofradías y numerosas Asociaciones del Laicales Trinitarias, testimonian en el mundo la dimensión secular del espíritu trinitario... La Familia Trinitaria hará bien en escuchar las súplicas que elevan las víctimas de las modernas formas de esclavitud, para encontrar caminos concretos de respuesta a sus apremiantes expectativas” (Juan Pablo II, Mensaje a la Familia Trinitaria, 26/8/1999, n.2).

Progresan las iniciativas conjuntas de  la Familia Trinitaria en centros de acogida, pastoral de cárceles y hospitales, juventud marginada, centros educativos de zonas deprimidas, de modo especial, en tierras de misión. - Nos sentimos unidos en la Solidaridad Internacional Trinitaria con quienes sufren persecución o discriminación a causa de la fe. En este campo organizamos acciones directas de rescate y denuncia, congresos internacionales para crear espacios de diálogo y sensibilizar, facilitamos información, promovemos grupos de oración y compromiso. Solidaridad Internacional Trinitaria tiene secciones nacionales en los 32 países donde está presente la Familia Trinitaria. Con estos signos queremos testimoniar con obras, como San Juan de Mata, la Palabra de Jesús: Tuve hambre..., tuve sed..., fui peregrino..., estuve desnudo..., enfermo y en la cárcel, y me habéis asistido (Mt 25, 35-36).

Entre los centros de cultura trinitaria señalamos el Secretariado de Salamanca: su producción editorial, simposios, y propaganda trinitaria, han hecho del mismo una institución de las más significativas en el ámbito de la teología trinitaria internacional. La revista Estudios Trinitarios llega a las Universidades más importantes del mundo. Otro signo que favorece la cultura trinitaria-redentora es la revista Trinitarium fruto de la colaboración en Familia.

Al celebrar 800 años de presencia en el mundo al servicio del Evangelio y en la vigilia de un nuevo milenio cristiano, el Santo Padre nos señalaba como propio hacer resplandecer entre los hombres de hoy el rostro misericordioso de Dios, que se nos ha revelado en Cristo, siendo valientes defensores de la dignidad de todo ser humano (Carta al Ministro General, 7/6/1998).

El Venerable Don Francisco de Asís Méndez Casariego nos indica las motivaciones que están a la base de la caridad: “1. Porque tenemos un mismo Padre en los cielos y una madre que es la Santa Iglesia; 2. Porque el prójimo es imagen de Dios, capaz de la felicidad eterna; 3. Porque somos miembros de un mismo cuerpo, cuya cabeza es Cristo, Señor nuestro, y lo que se hace con el cuerpo se hace con la cabeza; 4. Porque Cristo nos redimió a todos con su Sangre, y por todos murió; 5. Porque todos los justos son templos del Espíritu Santo y en ellos habita” (Directorio, II Parte, Cap. X, Madrid 1909, 194).

La actualidad de este mensaje nos la manifiesta el Papa Juan Pablo II, sobre todo en sus encíclicas sociales. En el corazón de la Doctrina Social de la Iglesia está el misterio de Dios Trinidad: "El prójimo -escribe en la Sollicitudo Rei Socialis, 40- no es sólo un ser humano con sus derechos y su fundamental igualdad ante todos los demás, sino que es la viva imagen de Dios Padre, rescatada por la sangre de Cristo y puesta bajo la acción del Espíritu Santo. Por él, aunque sea enemigo, tenemos que estar dispuestos al sacrificio supremo".

4. Por sus frutos...(cf. Mt 7,20)

 “Por el bautismo y la confirmación, somos esencialmente apóstoles. Con nuestra acción en el mundo, fundada en la fe, manifestamos la vitalidad de la Iglesia y participamos en la misión redentora de Vristo” (PVLT 2000, 20). “La vitalidad de los sarmientos está unida a su permanecer radicados en la vid, que es Jesucristo: ‘El que permanece en mi como yo en él, ése da mucho fruto, porque separados de mi no podéis hacer nada’ (Jn 15,5)” (CL 57). “La vocación de cada cristiano a la santidad se manifiesta ‘en los frutos de gracia que el Espíritu Santo produce en los fieles’ (LG 39) como crecimiento hacia la plenitud de la vida cristiana y a la perfección en la caridad. En este sentido, todas las asociaciones de fieles laicos y cada una de ellas, están llamadas a ser –cada vez más- instrumentos de santidad en la Iglesia, favoreciendo y alentando ‘una unidad más íntima entre la vida práctica y la fe de sus miembros’ (AA 19)” (CL 30).

Han pasado ochocientos años. Ocho siglos de historia trinitaria. Una larga andadura por los caminos del Espíritu, que ha hecho fructificar el don que Dios Trinidad concedió a nuestro Santo Fundador Juan de Mata. “En el principio de nuestra Orden trinitaria –nos recuerda el Santo Reformador- el espíritu que se comunicó era del cielo, y era fuego que quemó a nuestros Padres e incendió sus corazones en una caridad tan grande que les llevó a ejercitarse en obras de caridad maravillosas” (V, 115).

"Si ves la caridad -decía San Agustín- ves la Trinidad". El Papa Inocencio III constataba en el año 1198 que el propositum de S. Juan de Mata procedía "de la raíz de la caridad", es decir, de la Trinidad. Juan XXIII en su carta-mensaje con ocasión del 750 aniversario de la muerte del Fundador afirmaba: "Esta Orden como árbol frondoso plantado a la vera del río ha dado para la Iglesia exquisitos frutos de caridad".

Apostar por la caridad (cf. Mt 25,35-36). El Misterio del Dios Amor lleva a apostar por la caridad, a escuchar el grito de los oprimidos. Dios los escucha. Nosotros escuchamos. Es la medida de nuestro compromiso con el Evangelio: “La caridad se convertirá necesariamente en un servicio a la cultura, a la política, a la economía, a la familia, para que en todas partes se respeten los principios fundamentales de los que depende el destino del ser humano y el futuro de la civilización” (NMI, 2001, 51).

La fecundidad de la inspiración de San Juan de Mata se ha manifestado a través de estos ocho siglos de historia, entre otras cosas, por su capacidad de encarnarse en la vida religiosa masculina -clerical y laical-, en la vida religiosa femenina -contemplativa y activa-, vida cristiana seglar en diversidad de formas. "La vida religiosa -dice la Exhortación Apostólica Vita Consecrata- pertenece íntimamente a la vida, a la santidad y misión de la Iglesia" (VC 3).

En torno a San Juan de Mata y a San Félix de Valois ha crecido la primera generación de santos trinitarios. Entre ellos: Juan Anglico, Guillermo Scoto y Miguel Hispano. Su pasión por la santidad les lleva a dar respuesta a los desafíos de su tiempo. Los santos son signos luminosos de Cristo y fuente de renovación. Si miramos hacia estos ocho siglos de historia trinitaria, santos y santas los encontramos en cada uno de ellos y en los diversos Institutos y Asociaciones de la Familia Trinitaria: religiosos, monjas de vida contemplativa, religiosas pertenecientes a los diversos Institutos, miembros de las asociaciones trinitarias (papas, obispos, sacerdotes, reyes, nobles, madres de familia, pobres).

Muchos de los fundadores y fundadoras de los Institutos Trinitarios actuales, y de los que existieron en estos ocho siglos, pertenecían a las Asociaciones Trinitarias.  Otros muchos pertenecientes a las Asociaciones Trinitarias han sido santos, entre ellos y ellas: S. Julián, obispo de Cuenca; S. Gilberto Moray, Obispo Caitness en Escocia; S. Fernando III, rey de Castilla y León; S. Luis, rey de Francia; S. Roque; Santa Isabel, reina de Portugal; S. Cristobalito de la Guardia; S. Vicente de Paul; S. Benito José Labre; S. Vicente Pallotti; Santa Micaela Desmesières; Beata Teresa, reina de León; Beata Isabel de Valois; Beato Gregorio X, Papa; Beato Inocencio XI, Papa;  Beato Juan de Ribera, arzobispo de Valencia; Beato Diego José de Cádiz; Beata Ana María Taigi, Beata Isabel Canori Mora; Ven. Fernando de Contreras; Ven. Pedro de la Concepción...Hubo otros muchos Asociados que tuvieron culto público hasta los Decretos del 1626 del Papa Urbano VIII. Son signo de la corriente de santidad en las Asociaciones Trinitarias (cf.. Angelo Romano, Le Affiliazioni dell’Ordine Trinitario, Isola del Liri 1947, pp. 203-363).

La Iglesia urge hoy la corriente de santidad en el corazón del mundo. “La perspectiva en la que debe situarse el camino pastoral es la de la santidad” (NMI, 2001, 30). “Vocación universal a la santidad... pluralidad de vocaciones... múltiples caminos” (NMI, 2001, 31).

Los mártires de la redención en los siglos XIII y XIV; mártires en 1453 en Jerusalén y en Constantinopla; en la India a finales del siglo XV en acción misionera es martirizado Pedro de Cobillón, confesor de Vasco de Gama; mártires en Inglaterra e Irlanda en el año 1530; en Granada es martirizado en 1570, Marcos Criado, apóstol de las Alpujarras; mártires en Francia en 1584 a manos de los herejes; en Argel entre los numerosos mártires de la redención hallamos a los religiosos Monroy, Aguila, Palacios, Lucien Herault (1663) y al laico trinitario Pedro Garrido (1667); mártires en la revolución francesa y del 1936 en España. Todos ellos son testigos del Dios Amor.

Un autor trinitario del siglo XVII escribe: "¿Los trabajos que han padecido nuestros redentores quien los podrá contar? Ellos ocupándose tan de veras y con tanto amor en tan excelente obra, como es el redimir cautivos, no temiendo peligros. Dichosos ellos que así honran el nombre Cristiano y así participan con aquel que fue Redentor del mundo, siendo herederos de su Espíritu y sucesores de sus obras" (Pablo Aznar, Ejercicios Espirituales, Zaragoza 1630, p. 243).

Si nos fijamos en los esclavos liberados, en los pobres, enfermos, peregrinos,... asistidos: ¡Qué inmensidad de obras de Evangelio! Ocho siglos de opción por los cautivos y los pobres. Quizás fue este gran signo humanitario el que hizo que  Voltaire (Essais sur les moeurs) se congratulara con los trinitarios llamándolos 'bienhechores de la humanidad'. En esta misma línea van los elogios del escritor Jaime Balmes (en su obra "El protestantismo comparado con el catolicismo") a la misión de los trinitarios.

La Santísima Virgen, templo de Dios Trinidad, Madre del Redentor, en su dogma de la Inmaculada Concepción, y con diferentes advocaciones, ha estado siempre en el corazón y en la misión de los Trinitarios. “En nuestra Familia la veneramos como Madre del Buen Remedio” (PVLT, 2000, 19).

La gloria a la Santa Trinidad es el supremo objetivo de su vida y misión. En sus templos, casas, hospitales y centros de acogida, todo se hace en nombre y a gloria de la Santa Trinidad: "Dios nos ha hecho vasos escogidos - exclama el Santo Reformador de la Orden, Juan Bautista de la Concepción - para que llevemos por el mundo este nombre admirable de la Santísima Trinidad" (Obras, VI, 4). El Papa decía a los trinitarios en 1989: "Sentíos orgullosos de vuestra vocación de misioneros de la Santísima Trinidad". La exigencia redentora y misionera de los trinitarios tiene sus raíces en la Trinidad, pues, desde la inspiración de San Juan de Mata, "la Trinidad es nuestro proyecto social".

Todos llamados. Vocaciones en diferentes estados de vida. Todos obreros del Reino: sacerdotes, religiosos/as y laicos. En condiciones diferentes de salud y enfermedad, de actividad profesional y social: ‘Cada uno viva como administrador de la multiforme gracia de Dios’ (1 Pe. 4,10) (cf. CL 56).

Nos proponemos seguir haciendo caminos de esperanza con el ardor de la caridad que ha guiado a San Juan de Mata y a nuestros hermanos y hermanas. Ellos y ellas siempre invocaban a María, Sagrario de la Santísima Trinidad. Id adelante -nos dice el Papa- en vuestro ministerio de verdad y caridad en el nombre de María, la Virgen totalmente entregada a Dios Trinidad, y anunciad el Amor del Padre, la Redención de Cristo, la Consolación del Espíritu Santo (Juan Pablo II, a los Capitulares, 1989).

La vida de la Familia Trinitaria con sus avatares en estos ocho siglos, va leída e interpretada desde la suerte y la causa del cautivo y del pobre. Es una historia rica de humanidad y de cruz, y es este su mayor orgullo y el signo de su fidelidad al Evangelio. Este sigue siendo el camino en la historia para todo trinitario y trinitaria: ¡Gloria a Ti Trinidad y a los esclavos libertad!.

            5. Para aplicar a la vida el don del carisma trinitario-redentor

Las consideraciones y los testimonios expuestos estan llamados a confrontarse con las experiencias de la vida hoy. Cada uno, cada grupo y asociación  pueden  preguntarse ¿cómo puedo o cómo es posible progresar por el camino de la fidelidad creativa?. Conocemos los muchos signos de los tiempos, lo que acontece en la actualidad: necesitamos hacer camino a la luz del don del Espíritu concedido a San Juan de Mata. Nuestro contexto histórico, cultural, político, económico, social es tan diferente, pero los fundadores, como los poetas, llevan la frescura del clásico, nos pasan un mensaje no contaminado. Tu espíritu Juan de Mata es siempre actual y profético. Nos precede.