PERSONAJES DE NUESTRO PUEBLO
BUSCANDO AL PADRE DOMINGO

 

A los que fuimos a "la escuela de los frailes" seguro que no hace falta recordarnos quien fue el P. Domingo, pero empieza a haber generaciones de belmonteños que ignoran que el edificio donde está el actual Centro de Salud, fue durante cincuenta años (1923-1973) Convento y Colegio de los Trinitarios y que en él murió el Padre Domingo del Santísimo Sacramento Iturrate Zubero, declarado beato por el Papa Juan Pablo II, el 30 de octubre de 1983.
Belmonte, que tiene el orgullo de haber sido la cuna del único santo de la provincia de Cuenca -San Juan del Castillo-, está también ligado a la biografía de un beato: El P. Domingo. Creemos que Belmonte está olvidando esta página de su historia y pudiera ser que, cuando el P. Domingo sea declarado santo, nuestro pueblo haya perdido ya cantidad de recuerdos que lo ligan a su figura y sea entonces el momento de lamentarse.
Domingo Iturrate Zubero nació en Dima (Vizcaya) el 11 de mayo de 1901. Ingresó muy joven en la Orden de la Stma. Trinidad, tomando el hábito con dieciséis años. Realizó sus estudios en los Colegios del Algorta (Vizcaya), Santuario de la Virgen Bien Aparecida (Patrona de Santander) y Roma, donde fue ordenado sacerdote en 1925. Enfermo de tuberculosis pulmonar regresa a España en 1926 y es destinado al convento de Belmonte por su clima "sano y seco", llegando a nuestro pueblo, ya muy enfermo, el 28 de Diciembre de 1926. Moriría el7 de Abril de 1927 en medio de una extraordinaria fama de bondad que motivó a iniciar los procesos eclesiásticos de canonización. En Mayo de 1958 se introduce en Roma su causa de beatificación, con rápido resultado favorable en 1983.
El P. Domingo vivió en Belmonte poco más de tres meses, pero sus restos nos han acompañado durante muchos años. Primero, en el cementerio municipal desde el 8-IV-27 al 21-IX-48, que fue trasladado a la iglesia de la Stma. Trinidad. Y, en una la capilla de esta iglesia, perduró hasta el 13-II-74 en que los Trinitarios -que acababan de abandonar el convento de Belmonte el año anterior- decidieron trasladar sus restos a Algorta.
Durante todo este tiempo, por su peculiar muerte (era el primer trinitario que moría en Belmonte, su juventud, el halo de misterio que rodeó su enfermedad...) por su exhumación y traslado de sus restos, por su necesario análisis que en el proceso de beatificación haría necesaria una nueva exhumación, por su fama de santidad... el P. Domingo ha sido muy querido y venerado en nuestro pueblo. En la misa de celebración de recepción de los restos del beato en Algorta, D. Luis Andújar afirmaría en la homilía "puedo asegurar que no hay un hogar en Belmonte donde no haya un cuadro o estampa del beato".
Belmonte lo declaró hijo adoptivo, le dedicó una de las calles más céntricas del pueblo, conservó el sitio del cementerio donde estuvo enterrado colocando una nueva lápida que recuerda el acontecimiento (actualmente se conserva la lápida, no así la verja con la cruz trinitaria que la protegía, que ha sido apartada junto a la muralla), conservó la lápida que el P. Domingo tuvo durante su permanencia en el cementerio que, con el traslado de sus restos, se ubicó junto a la puerta de entrada a la iglesia de la Stma. Trinidad. Pero no sólo eso, numerosas placas de mármol blanco marcan acontecimientos de la corta estancia del beato en Belmonte. Así se recuerda en la entrada del convento la frase "aquí dormiré y descansaré" que dijo Fray Domingo a su llegada. También hay placas en la celda en donde decía misa durante el tiempo de su enfermedad y en la celda en que murió. Esta última está señalada también con una placa de metal en la puerta de entrada.
Hasta que los Trinitarios estuvieron en Belmonte, se conservó la celda donde pasó sus últimos días y en la que quedaron: la cama en que murió, un colgador, la cruz de madera que estuvo colocada sobre su sepulcro en el cementerio, los zapatos con que fue enterrado, una cajita con tierra de su primera tumba y un arca con restos del primer ataúd. Además, objetos de uso personal: un crucifijo con reliquias, un reloj de bolsillo, un cofre y el cáliz con que celebró misa durante la enfermedad.
Con la marcha de los Trinitarios y traslado de los restos del P. Domingo, partieron también muchos de estos restos (el cáliz, el cofre, el reloj... están hoy en la habitación dónde nació el beato). No podemos decir que los Trinitarios hayan sido -en lo relacionado con el P. Domingo- generosos con Belmonte, pero también es cierto que lo poco que nos dejaron lo podemos estar perdiendo irremisiblemente.
Por fortuna, el edificio del convento, que veíamos deteriorarse seriamente, ha gozado de importantes reparaciones que han permitido ubicar en él el Centro de Salud -sólo planta baja y un ala del primer piso-. Queda mucho por arreglar en su interior (¡qué extraordinario edificio para un Parador Nacional!) pero sería interesante que, cuando se pase con la piqueta, se recuerde que podemos estar destruyendo recuerdos que pueden ser irrecuperables. De igual forma es imprescindible que sobre los restos y elementos más frágiles se efectúe una férrea custodia. La cruz que estuvo sobre su sepulcro en el cementerio se reubicó junto a la última lápida de la capilla, pero ¿y la cama en que murió? ¿Ha pasado de ser cama del P. Domingo, a cama de Fray Luis de León?
En todos los restos que del P. Domingo nos quedaron, Belmonte tiene un patrimonio histórico y religioso que no puede olvidar ni despreciar. Hoy, la mayoría, aún pueden ser salvados. ¿Lo estamos haciendo?

Enrique Campos Fernández.